ESCRIBIR EN PENUMBRA MIGRACIÓN Y RUINA EN ARQUEOLOGÍA SONÁMBULA DE JUAN CRISTÓBAL CASTRO

WRITING IN SEMIDARKNESS MIGRATION AND RUIN IN ARQUEOLOGÍA SONÁMBULA BY JUAN CRISTÓBAL CASTRO


DOSSIER


Gina Alessandra Saraceni Carlini 1

1 Pontificia Universidad Javeriana de Colombia
0000-0003-4505-6940
gsaraceni@ujaveriana.edu.co

Profesora Asociada del Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Doctora en Letras de la Universidad Simón Bolívar de Caracas. Especialista en teoría crítica y literaria, literatura latinoamericana (siglos XX y XXI), poesía venezolana, narrativas vegetales y animales, ficciones de pertenencia y migración. Autora de: Escribir hacia atrás. Herencia, lengua, memoria, (2008). La soberanía del defecto. (Legado y pertenencia en la literatura contemporánea), (2012); La llegada inconclusa. Tránsito y desembarco de tres viajeros británicos en La Guaira (1830-1871) (1997). Coautora con Antonio López Ortega y Miguel Gomes de Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX (2019). Recientemente ha contribuido en libros y dossier sobre humanidades ambientales, cultura del petróleo, masculinidades espectaculares: Su libro de poesía más reciente es Adriático (2021, 2022).


Fecha de recepción: 31 de marzo de 2025
Fecha de aceptación: 11 de junio de 2025.


Referencia: Saraceni Carlini, G. A. (2025). Escribir en penumbra. Migración y ruina en Arqueología Sonámbula de Juan Cristóbal Castro. Cultura Latinoamericana, 41(1), 72-81. http://dx.doi.Org/10.14718/CulturaLatinoam.2025.41.1.4



Resumen

Esta ponencia propone un recorrido por la novela Arqueología sonámbula (2020) del escritor venezolano Juan Cristóbal Castro para pensar la relación entre el desplazamiento geográfico y corporal y el desplazamiento de la escritura y de los géneros literarios en este libro anfibio en el que la figura de la ruina es el registro material y simbólico de la fractura afectiva que la migración y el deterioro del país causan en el sujeto que migra y en el que se queda.

Palabras clave: Migración, diáspora venezolana, ruina, escritura, géneros literarios, Juan Cristóbal Castro.


Abstract

This paper proposes a journey through the novel Arqueología sonámbula (2020) by Venezuelan writer Juan Cristóbal Castro to examine the relationship between geographical and bodily displacement and the displacement of writing and literary genres. In this hybrid book, the figure of ruin serves as both material and symbolic record of the affective fracture that migration and the country's deterioration inflict on the subject who migrates as well as on those who remain.

Keywords: Migration, Venezuelan diaspora, ruin, writing, literary genres, Juan Cristóbal Castro.



El traslado de la escritura

Hablo del retorno, pienso por un momento que existe.
Estoy rodeada de gente repleta de lo mismo que le hace falta:
lengua, país, bienes, raíces, número de identificación.
Cuando me preguntan de dónde vengo, sonrío, el lugar del que vengo no existe más.
Pero allá, sin embargo, estoy volviendo.


Andrea Cote


Las complejas dinámicas migratorias contemporáneas están redefiniendo la geografía de la movilidad en América Latina: las migraciones laborales, los desplazamientos forzados, el refugio y el exilio causados por diferentes crisis en la región, han producido la salida de grandes movimientos poblacionales desde distintos países del continente. Dentro de este contexto de movilidad exacerbada, el flujo migratorio venezolano producido por una crisis humanitaria sin antecedentes es sin duda el más notorio en la actualidad. Siete millones de venezolanos nos hemos visto obligados a migrar a causa del deterioro de las condiciones materiales de vida ocasionado por la revolución bolivariana. Esto ha significado enfrentarse con la experiencia de perder el país y de ser extranjeros lo que implica el colapso de las categorías básicas de pertenencia e identidad jurídica y ciudadana.

Esta diáspora masiva hacia América Latina, Europa y Estados Unidos ha generado —entre otras consecuencias— la aparición de una literatura de la migración inédita en Venezuela que, históricamente, ha sido más un país de "llegada" de extranjeros que de "salida" de sus habitantes hacia otras partes del mundo.

Esta ponencia quiere revisar, dentro de la amplia producción literaria venezolana sobre el éxodo de la última década, obras que reflexionen sobre la relación existente entre el acto de partir entendido en su doble significado de desplazamiento y de fractura/partición/división, y el ejercicio de escribir esa rasgadura. Más exactamente me refiero al vínculo entre la incertidumbre existencial e identitaria que causa la migración y la incertidumbre de la propia materia verbal que, para nombrar la pérdida de pertenencia, se vuelve ella misma indeterminada. Así como el sujeto que migra se "parte" y se divide en términos geográficos, culturales, afectivos y lingüísticos; también su escritura, como cuerpo vivo y vulnerable, pierde la estabilidad de la forma y se desterritorializa de la contención de los géneros literarios, se vuelve errática e inespecífica en su materialidad y sentido.

Julio Ramos, en "Migratorias (2012), formula unas preguntas claves para abordar este asunto:

¿Qué significa escribir en un país distinto, un lugar diferente del que el sujeto postula como propio? ¿En qué registro se constituye, a la distancia de la lengua materna, el sujeto que parte? ¿Cuáles son las líneas del territorio de la comunidad en que se inscribe? ¿Qué deja afuera? (p .228).

En un orden de ideas parecido, Sylvia Mollo , en un ensayo luminoso titulado "Desde lejos: la escritura a la intemperie" habla de una "escritura del afuera (...) que resulta del traslado; o mejor (de) la escritura como traslado, como traducción", la escritura que se escribe

desde un lugar que no es del todo propio y no lo será nunca, un lugar donde subsiste siempre un resto de extranjería y de extrañeza, donde se aprende una lengua nueva, pero se escribe en la lengua que se trajo. (párr. 3)

La palabra tras-lado (tras-latus) etimológicamente significa 'pasar de un lado a otro' y la lengua-escritura que se traslada existe en la medida en que transa, transita, traspasa un umbral que le exige cambios, adaptaciones, renuncias y que da cuenta de un modo de pertenencia provisional e inacabado a contracorriente del paradigma de la casa como fijación y estabilidad.

En esta misma línea de sentido, el escritor italo-mexicano Fabio Morábito, en su libro El idioma materno (2014), habla de la presencia espectral de la lengua primera en la nueva lengua que, si bien va perdiendo flexibilidad y se endurece como esas "calcificaciones de materia marina que se adhieren al cuerpo de las ballenas" (p.175), vuelve a aparecer cuando lloramos, como si el llanto solo pudiese suceder en lengua madre y fuese una manifestación corporal y emocional que remite al nacimiento y a un tiempo primitivo, anterior a las palabras.

Estas tres perspectivas señalan un rasgo distintivo de cierta literatura sobre la migración relacionada con el traslado de la lengua que modifica la manera de escribir porque la escritura misma es un cuerpo vulnerable a los desplazamientos geográficos y culturales, que se queda a la intemperie, sin casa, en una zona de incerteza semántica y vocal que la obliga a preguntarse por cómo hablar después, afuera, del otro lado, entre tiempos y espacios que conviven y se confunden.

Cuando la profesora Emilia Perassi me invitó a estas "Jornadas sobre guerra y migración" organizadas por NECLIM, me pregunté acerca de cómo abordar la pregunta y desde cuáles materiales de la literatura venezolana, tomando en cuenta que Venezuela, antes de volverse un país desplazado y de desplazados, fue un país que recibió grandes contingentes de inmigrantes europeos, hecho que fue representado en algunas obras narrativas y poéticas como Mi padre, el inmigrante (1945) de Vicente Gerbasi, Épica mínima (1996) de Márgara Russotto, Visión memorable (1987) y La cueva de Altamira (1992) de Miguel Gomes, para mencionar solo algunos de los textos que abordan la inmigración italiana y portuguesa y la memoria de la segunda guerra mundial como fantasma que performa el presente de los personajes.

Finalmente, opté por asumir el término de guerra más allá de su significado literal y entenderlo como una situación de conflicto y enfrentamiento donde la destrucción y la violencia forman parte de las políticas estatales y la ruina y el escombro son la evidencia de esa manera de gestionar la vida: restos materiales y simbólicos que testimonian y testifican la ausencia de lo que ya no está, pero que estuvo y sobrevive de modo espectral interrumpiendo la continuidad del presente.

En este sentido, Venezuela y muchas zonas vulnerables de América Latina son paisajes en ruina a causa de formas de gobierno que incluyen tecnologías de eliminación de sectores de la población considerados prescindibles por el estado2; lugares arruinados material y afectivamente, atravesados por una suerte de ruido blanco que susurra el daño de la destrucción.

El fermento de la ruina

La novela Arqueología sonámbula, del escritor y académico venezolano Juan Cristóbal Castro Kerdel3 (Caracas, 1971), se enfrenta con el paisaje arruinado de la Venezuela actual a través del personaje de un profesor que migra a Colombia y regresa por un mes a Caracas para solucionar unos asuntos familiares. Caminar por la ciudad significa confrontarse con la descomposición material, social, económica y cultural que afecta todos los órdenes de la vida pública y privada. Estos desplazamientos producen en él una lectura arqueológica de la realidad circundante que implica mirar hacia atrás y hacia adentro del tiempo familiar y nacional, a la vez que observar el presente transformado en ruina. La confrontación con los vestigios materiales de un país perdido hace aparecer la pregunta por cómo narrar dicha destrucción y de qué modo darle forma y voz.

Una primera consideración al respecto tiene que ver con la apuesta expandida y anfibia del libro, que combina distintos materiales y registros, como la nota, la memoria, el diario, la fotografía y la reflexión teórica sobre la historia, la literatura, la cultura y la política venezolanas con la narración de recuerdos de la vida del protagonista. Esta combinación de formatos textuales, distribuida en 17 capítulos, crea en el lector un efecto de fractura, interrupción y desorientación que dialoga con la atmósfera de crisis y ofuscación que la novela busca representar.

Por otra parte, el carácter inespecífico del relato contribuye a cuestionar el lugar del sujeto autobiográfico, su propiedad y soberanía, a través del uso de la tercera persona que impide la identificación directa con el narrador y aspira más bien a un tono impersonal.

Estos rasgos de Arqueología sonámbula dialogan muy de cerca con un debate sobre la literatura latinoamericana contemporánea que varios críticos han abordado (Josefina Ludmer, Florencia Garramuño, Graciela Speranza y Evando Nascimento, entre otros) a la luz de la publicación en el continente de una serie de obras que desarticulan los géneros literarios y apuestan por la expansión, el contagio, la reescritura, la contaminación de saberes, lenguajes y formas. Se asiste a un constante desplazamiento de "las nociones de pertenencia, individualidad y especificidad" (Garramuño 2015, p. 13), tanto en lo que se refiere a los soportes y formatos de la literatura como a los sensorios, conocimientos, experiencias que allí se ponen en escena. La desterritorialización de medios y temas, el desbordamiento de fronteras —discursivas, epistémicas, de género—, la inclusión de distintos materiales en un mismo espacio estético, la expansión del campo literario, el cuestionamiento del canon, definen la práctica literaria que cada vez es más "errante" (Speranza 2012), "fuera de sí" (Escobar, 2014) y un umbral entre obra y vida, vida y cultura, archivo e historia.

A partir de lo anterior, puede decirse que la novela de Castro busca inscribirse en una tradición reciente de autores como el alemán W.G. Sebald, el argentino Sergio Chejfec, el cubano Antonio José Ponte, la mexicana Cristina Rivera Garza —influencias importantes del texto— que, a través de apuestas muy diversas, han desafiado la noción tradicional de autoría literaria por medio de operaciones desapropiativas, como la recontextualización, la intertextualidad, la experimentación y la diversidad de registros.

En este sentido, la escritura inquieta y nómada de Arqueología sonámbula puede vincularse con la misma condición migrante del personaje cuya lengua ensaya modos de relatar la experiencia de estar en su propio país sin saber cómo nombrarlo y qué forma darle a ese relato.

Otro aspecto de la novela que quiero destacar es el sonambulismo que aparece en el título, el cual se refiere al estado intersticial en el que se encuentra la población venezolana que, del sueño colectivo producido por la revolución bolivariana y sus diversas utopías, está entrando en la pesadilla que su fracaso implica. En varios momentos de la historia el protagonista les pregunta a las personas si recuerdan su sueño, y estas responden de forma negativa, dando cuenta de la pérdida de su capacidad de imaginar alternativas posibles a la del desastre. El personaje se hace cargo de descifrar las ruinas de ese sueño como un arqueólogo que interpreta restos para intentar entenderlos o darles un sentido. Además, el insomnio del que padece lo coloca en un estado flotante entre tiempos y espacios distintos que lo desfasan y confunden. "Hay escenas del recuerdo" dice "que por su extraña persistencia en nosotros, acumulan resabios de una historia olvidada que no nos pertenece del todo y que por ello nos reclama descifrarla, entenderla, asomarla, así sea con los dudosos instrumentos de la imaginación" (p. 110).

De esto se desprende la posibilidad de pensar al migrante como aquel que está en penumbra y ve con dificultad y, a partir de esa falta, escribe sin saber hacia dónde va su escritura ni qué forma tiene. La anotación, como registro provisional y tentativo, se convierte entonces, para el personaje que regresa al país de origen por última vez y se confronta con su agonía y pesadilla, en un recurso para (re)conocer la historia colectiva y familiar y para pensar la escritura misma desde la ofuscación e incertidumbre.

Como he mencionado al principio al referirme a la pregunta por la lengua que migra (Ramos, Molloy y Morábito), con el traslado del sujeto la lengua también se vuelve incierta, insegura, como si hablara con los dedos tanteando las palabras, tocándolas como si fueran ruinas a las que se intenta reconocer.

En el caso de la migración a países de habla hispana, lo que sucede con el cambio de lugar no es tanto el enfrentamiento con un nuevo idioma, sino con una nueva vocalidad del español que se manifiesta en el acento como un resto que, en su condición de remanente, contiene el ser único de cada sujeto. En el acento, en el timbre de una voz, en el léxico, en los modismos se manifiesta la manera de sonar de cada garganta, como si en ese sonido inaprensible vibrara lo más íntimo y primordial nuestro, la raíz de la pertenencia que existe como vibración afectiva.

En un fragmento de la novela titulado "Pequeña biografía del acento" el narrador reflexiona sobre este asunto:

Quizá esa singularidad tan buscada y a la vez tan diferida, eso específico de la personalidad de uno, tan imposible de aprehender, (...) no sea más que un timbre, un ritmo, un uso del acento, que no puede registrarse sino en el aire, en una fracción de segundos efímeros, casi inaprensibles para el oído. La letra pareciera ser (...) un complemento de una relación más compleja con el aliento, la pronunciación (...) Pero esa modulación de la boca, del cuerpo, ese sonido que nace con las cuerdas vocales y choca con la glotis, los dientes (...) se presenta (...) bajo la forma sinuosa de una estela indetenible que entra en el oído extraño (...) marcando una pauta que se adhiere a lo más sensible de las vísceras sin que lo percibamos del todo, como la pieza de una melodía de la infancia que todavía recordamos por razones misteriosas, o como la verdad de una revelación insoportable que no podemos olvidar, por más que hayamos perdido gran parte de su contenido o significado. (pp. 122-123)

El acento como marca acústica y entrañable de la vida del sujeto funciona en la novela como vestigio de un tiempo perdido que se integra al paisaje de escombros que el profesor atraviesa como un arqueólogo extraviado. En este sentido, la relación entre sueño y ruina es transversal a todo el relato, donde las notas de quien regresa a casa, en su dispersión y fragmentariedad, son el intento de descifrar "'en el detalle insignificante' el impacto 'de una verdad inarticulable' que desbarata toda lógica de historia organizada" (p.162).

Caminar por Caracas, por sus plazas, monumentos, edificios, urbanizaciones, "nuevas" ruinas, es para el personaje un ejercicio de reconocimiento y desconocimiento a la vez, donde lo anacrónico y lo sincrónico se solapan en un tiempo confuso e indescifrable que se encarna en los restos materiales del pasado, cuya sobrevivencia y fermentación lo hacen preguntarse:

¿Qué hacer frente a este desierto de ruinas y descalabros, frente a esta epidemia de decadencia moral y autismo crítico, frente a la falta de carácter y la proliferación de miedo en que se ha convertido su país en tiempos revolucionarios? (p. 165).

Ante este interrogante, la novela abre una pequeña luz en la penumbra insomne que impregna los hechos narrados al reconocer la necesidad de "una tarea de reflexión profunda sobre" los "procesos modernizadores" de Venezuela para "tratar de dar con una terapéutica del desecho que brinde claves para desarrollar una vida en común menos violenta y conflictiva, menos dramática y amnésica" (p. 165). Esta tarea es lo que Arqueología sonámbula hace al excavar en el archivo del pasado venezolano y releer, desde las condiciones del presente y de la experiencia de la distancia geográfica, materiales literarios, pictóricos, históricos, hemerográficos y fílmicos para comprender diferentes etapas de la modernización del país a la luz de una tradición teórica y filosófica sobre la ruina que se despliega a lo largo de los capítulos. Esto con la finalidad de poner de manifiesto que "La historia de nuestro país es la historia de un largo proceso de demolición" (Castro, p. 89) donde los gestos más frecuentes han sido el olvido, la sustitución, la destrucción como políticas que han hecho de la ruina una figura central de la modernización venezolana que la revolución bolivariana ha exacerbado.

Cabe destacar otro aspecto de Arqueología sonámbula relacionado con su carácter autobiográfico: el personaje de la novela es un alter ego del autor: profesor, investigador, académico venezolano, hijo de un destacado historiador; hizo sus estudios de doctorado en Estados Unidos y regresó a Venezuela, donde fue profesor de las universidad Central y Simón Bolívar por algunos años y de donde volvió a migrar a Colombia, donde trabajó en una universidad de Bogotá.

Esta condición trashumante del personaje-autor que anota vestigios no para clasificarlos, sino para constatar su residualidad, tiene un correlato en la dimensión metaficcional de la novela que se pregunta por los límites de las escrituras del yo. En una conversación que tuve con el autor sobre la apuesta inespecífica y expandida de la novela, este observó que "le otorga cierta plasticidad a la escritura para permitirle transitar por lo intransitable, en el límite del yo, de la nación, de la pertenencia, de lo familiar, de lo propio". También añadió su propósito de usar la ficción "para poner en cuestionamiento el discurso crítico, re-significarlo y abrirlo a nuevos destinos y potencialidades", como resultado de una incomodidad

con la utilización de la teoría de una manera muy profesional y, al mismo tiempo, moralista, lejana de sus implicaciones éticas, vivenciales, culturales y corporales y con los usos estandarizados de la escritura acadé­mica, atrapada a su vez en las modas y tendencias de turno. (Castro y Saraceni, 2024)4

Estas reflexiones del autor abren la posibilidad de pensar en Arqueología sonámbula como un texto que, de modo oblicuo y difuso, plantea una crítica a la impostura intelectual que la academia exige para unificar y uniformar la escritura de papers y una resistencia a la estandarización del lenguaje. En este sentido, se trata de una apuesta por "ese núcleo verbal que reúne las posibilidades expresivas del lenguaje en sus múltiples combinaciones materiales, genéricas y semánticas y que aquí aparece como el punctum de una escritura desfasada y del afuera".

Después de este breve recorrido por algunas zonas de intensidad crítica y poética de Arqueología sonámbula, es posible destacar que se trata de un texto que abre, en el interior de la literatura venezolana de la diáspora, una manera singular de representar la migración y el exilio que desborda el relato del desplazamiento geográfico. Me refiero al hecho de que para Castro la diáspora se vuelve una figura del pensamiento y del lenguaje que nos invita a desencializar la idea de la pertenencia, —a un país, a una identidad, a una lengua, a un género literario— a hacerla saltar de marco para imaginarnos desde la fluctuación, la discontinuidad, la interrupción, la dislocación, la hospitalidad, la interconexión y la intermitencia. Con esto quiero plantear que la fractura que el desplazamiento migratorio causa por la pérdida de casa y lengua implicados en él hace aparecer otras formas de la pertenencia donde el "estar afuera" propicia la formación de comunidades que desbordan las identidades nacionales y les dan existencia a otros modos de imaginar la propia pertenencia y resignificarla.



Notas

2 El término necropolítica, propuesto por el filósofo camerunés Achille Mbembe, se basa en el concepto de biopolítica de Michel Foucault que remite a los dispositivos necropolíticos de la era moderna: "La noción de biopoder acaso da cuenta de la forma en que la política hace hoy del asesinato de su enemigo su objetivo primero y absoluto, ¿con el pretexto de la guerra, de la resistencia o de la lucha contra el terror? Después de todo, la guerra también es un medio de establecer la soberanía, tanto como un modo de ejercer el derecho a dar la muerte. Si consideramos la política como una forma de guerra, debemos preguntarnos qué lugar les deja a la vida, a la muerte y al cuerpo humano (especialmente cuando se ve herido y masacrado)" (Mbembe, 2011 p. 20).

3 Juan Cristóbal Castro Kerdel es autor de los libros críticos: Idiomas espectrales: lenguas imaginarias en la literatura latinoamericana (2016), El sacrificio de la página: José Ramos Sucre y el arkke republicano (2020) y de numerosos artículos académicos.

4 A lo arriba citado Juan Cristóbal Castro, añade: "A ello se suma el reto que implica considerar el espacio minoritario que ocupa Venezuela dentro de la academia de afuera, que sigue siendo un punto ciego dentro de sus lenguajes críticos actuales, a pesar de los dilemas políticos, sociales y económicos que entraña. Desde luego que es producto de nuestra situación diaspórica y de su crisis, pero quizás pueda haber también una cuota de responsabilidad en nosotros mismos, sobre todo al desdeñar la situación deteriorada de nuestro campo intelectual, que se ha ido aislando también en un estado permanente de "resistencia" moral o de celebración tribal bajo el rótulo mercadeable de lo "verdaderamente venezolano". (Castro y Saraceni, 2024)



Referencias

Castro Kerdel, J. C. (2020). Arqueología sonámbula. Anfibia.

Chejfec, S. (2015). Últimas noticias de la escritura. Jekill & Jill.

Garramuño, F. (2015). Mundos en común: Ensayos sobre la inespecificidad en el arte (1.a ed.). Fondo de Cultura Económica.

Mbembe, A. (2011). Necropolítica seguido de Sobre el gobierno privado indirecto. Melusina.

Molloy, S. (2013). Desde lejos: La escritura de la intemperie. Eterna Cadencia. https://eternacadencia.com.ar/nota/desde-lejos-la-escritura-a-la-intemperie/8740

Morábito, F. (2014). El idioma materno. Gog y Magog.

Nascimento, E. (2016). Para un concepto de literatura en el siglo XXI: expansiones, heteronomías, desdoblamientos. En J. P. Hormazábal, J. Rodríguez, y N. Vicente (Eds.), El lugar de la literatura en el siglo XX (pp. 47-88). Ediciones Universitarias de Valparaíso.

Ramos, J. (2012). Migratorias. En Ensayos próximos (pp. 228-235). Fondo Editorial Casa de las Américas.

Saraceni, G.,y Castro, J. C. (2024). Arqueología sonámbula: La terrible vigilia. Poesía. https://poesia.uc.edu.ve/arqueologia-sonambula-la-terrible-vigilia/




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