LA PERTENENCIA ERRANTE. CONVERSACIÓN CON GINA SARACENI


NOTAS, DISCUSIONES Y ENTREVISTAS

Mariarosaria Colucciello1

1. Università degli Studi di Salerno
mcolucciello@unisa.it
0000-0002-2053-8487


Catedrática de Lengua, Traducción y Lingüística Española del Departamento de Ciencia Política y Comunicación de la Università degli Studi di Salerno. Sus principales líneas de investigación han sido la teología de la liberación latinoamericana y la paremiología en lengua española (Libertà come speranza. Utopia e prassi politica in América latina: Gustavo Gutiérrez, Florencia, Le Càriti Editore, 2011; Asno, mujer y nuez... Origen y uso de la paremia en la lengua española, Bogotá, Planeta, 2014). En la actualidad se ocupa sobre todo de traducción, de historiografía lingüística y de aplicación lingüística en la literatura (Una Gramática para el Nuevo Mundo. De Nebrija a Bello [1492-1847], Bogotá, Penguin Random House, 2017; Filosofia e Filosofía sin más. Filosofia, cultura e politica in Ispanoamerica. Introduzione, traduzione e note critiche a cura di Giovanna Scocozza e Mariarosaria Colucciello, Nápoles, Guida Editori, 2019). También ha traducido al español y comentado traductológicamente el libro de Fulvio Tessitore, España y los españoles: Ramón Menéndez Pidal y Américo Castro, Bogotá, Penguin Random House, 2022. Desde 2009 es profesora invitada permanente de la Universidad Católica de Colombia, Bogotá. Forma parte del Comité científico de los grupos de investigación internacionales Mediterranean Knowledge. International Centre for Studies and Research, Narratives and Social Changes-International Research Group y SyngSmart_4.0 (Universidad de Salerno) y del proyecto de investigación internacional "Historia, ética, política y cultura en la Colombia contemporánea" (Universidad Católica de Colombia/Universidad de Salerno). Trabaja en el Comité de Redacción de numerosas revistas y colecciones (Journal of Mediterranean Knowledge - JMK; Book Series. Mediterranean, Knowledge, Culture and Heritage; Working Papers. ICSR Mediterranean Knowledge; Topoi Aracne Editore). Es directora del Laboratorio Interdisciplinare di Studi Euro-Latinoamericani (LISEL) y codirectora de Cultura Latinoamericana. Revista de Estudios Interculturales, revista de "fascia A" para la Agencia Nacional de Evaluación de la Universidad y de la Investigación (Anvur). Es miembro del doctorado en Politica e Comunicazione - POLICOM, y delegada del rector para la Movilidad Estudiantil y Docente.


Fecha de recepción: 01 de julio de 2025
Fecha de aceptación: 21 de julio de 2025.


Referencia: Colucciello, M. (2025). La pertenencia errante. Conversación con Gina Saraceni. Cultura Latinoamericana, 41(1), 201-211. http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2025.41.1.13




Hacer una entrevista a una poeta no es tarea sencilla, sino que, de por sí, ya es un reto. Pero entrevistar a una poeta que, además, es crítica literaria, ensayista, docente, traductora es acercarse a un pensamiento que vive en distintos registros del lenguaje, a una sensibilidad que se despliega entre la creación y el análisis, entre lo íntimo y lo académico. Hablar con una poeta-literata es enfrentarse a un doble espejo: uno que revela el mundo desde la emoción y otro que lo disecciona con lucidez. Es una conversación donde las respuestas pueden venir envueltas en imágenes, en referencias, en pausas llenas de sentido. Y, a veces, la respuesta más precisa es la que no se dice del todo, la que solo se insinúa.

A diferencia de otros discursos, la poesía no siempre se deja traducir en palabras claras, directas o lógicas. Lo poético habita en los márgenes del lenguaje, en lo sugerido, en lo que se intuye más que en lo que se explica. Por eso, enfrentarse a una entrevista con una poeta es entrar en un terreno donde la lógica científica a veces se queda corta. Una poeta no responde; elige palabras. No explica; sugiere. Su modo de pensar está profundamente ligado a la imagen, al ritmo, a una relación íntima con el lenguaje que desborda la función informativa.

Entrevistar a una literata es un desafío de escucha. Porque no se trata solo de hablar con una escritora, sino con alguien que habita el lenguaje desde múltiples orillas: como lectora atenta, como crítica lúcida, como pensadora de la palabra. Es alguien que no solo escribe libros, sino que piensa sobre lo que escriben los demás, que analiza estructuras, que interroga sentidos, que duda incluso del lenguaje con el que habla. Y esa conciencia —profunda, compleja, a veces afilada— hace que una entrevista no sea simplemente una conversación. Es una danza delicada entre preguntas y silencios, entre lo que se quiere saber y lo que quizá no se pueda explicar del todo.

Aunque al principio parezcan claras, apenas se formulan las preguntas se convierten en escurridizas. ¿Cómo preguntarle por sus versos sin caer en la trampa de la explicación racional? ¿Cómo entrar en su obra sin convertirla en objeto de estudio, sin distorsionar su música interior? ¿Cómo dialogar con una mente entrenada tanto en la intuición poética como en el rigor crítico? ¿Cómo preguntar sin simplificar? ¿Cómo evitar caer en lugares comunes frente a alguien que los ha desmontado una y otra vez en su obra? Una literata no se contenta con respuestas fáciles; se mueve entre matices, referencias, contextos. Escucharla exige atención, pero también humildad.

En este encuentro, más que buscar certezas, se tratará de crear un espacio de resonancia. Escucharla no solo como autora de libros, sino como alguien que piensa —y siente— el lenguaje desde sus múltiples bordes. Porque entrevistar a una poeta y literata no es solo formular preguntas: es estar dispuesto a escuchar desde un lugar más hondo, donde la palabra no es solo herramienta, sino también misterio.

Gina Alessandra Saraceni es poeta, ensayista, traductora y profesora universitaria venezolana. Estudió Letras en la Universidad de Bolonia (Italia) y más adelante obtuvo una maestría y un doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar de Caracas, donde fue profesora durante más de veinte años. Desde 2016 vive en Colombia, donde trabaja como profesora en el Departamento de Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá. También es profesora adjunta de la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito, y especialista en teoría crítica y literaria, literatura latinoamericana de los siglos XX y XXI, poesía venezolana, narrativas vegetales y animales, ficciones de pertenencia y migración.

Entre sus libros de poesía destacan Entre objetos respirando (Concurso de Poesía "Víctor José Cedillo" 1995), Salobre (Bienal de Coro "Elías David Curiel", mención Poesía 2001), Casa de pisar duro (XI Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura urbana 2011) y Lugares abandonados. Antología personal (2018). Su poe-mario más reciente, Adriático (2021, 2022), publicado por la Editorial de la Universidad Javeriana, profundiza en los temas del mar, la migración y la memoria, y establece un diálogo entre sus raíces italianas y su identidad venezolana.

Sus libros de crítica son: La soberanía del defecto. Legado y pertenencia en la literatura contemporánea (2008a); Escribir hacia atrás. Herencia, lengua, memoria (2008b); La llegada inconclusa. Tránsito y desembarco de tres viajeros británicos en La Guaira (1830-1871) (1997).

Es autora de las antologías de poesía: En-obra. Antología de la poesía venezolana contemporánea (1983-2008) (2008c) y de El verde más oculto. Antología poética de Fabio Morábito (2002), y coautora con Antonio López Ortega y Miguel Gomes de Rasgos comunes. Antología de la poesía venezolana del siglo XX, Valencia, Editorial Pretexto (López Ortega et al., 2019).

Además de su obra creativa, Saraceni ha traducido al español a la poeta italiana Alda Merini (2000), y del español al italiano a autores venezolanos como Rafael Cadenas (L! isola e altrepoesie, 2007) y Yolanda Pantin (I bassi sentimenti, 2008).

A lo largo de su intensa existencia, la polifacética Gina Saraceni ha cruzado constantemente numerosos países, pero se ha detenido en tres en particular: Venezuela, país en el que nace, estudia y trabaja por largos 23 años; Italia, país en el que nacieron sus padres y en el que Gina estudió la carrera en Letras; Colombia, país en el que trabaja desde hace 8 años y en el que vive hoy en día. Tres patrias o tres "matrias" con diferentes matices y niveles de apego; sin embargo, esta entrevista se centrará en dos de los tres: Venezuela e Italia, a simple vista dos naciones lejanas, ajenas una de la otra. La primera, en el corazón del Mediterráneo; la segunda, acariciada por las aguas del Caribe: pero, si se mira más allá de la geografía, se descubre el puente invisible de la migración.

Con maletas pequeñas y corazones grandes, millares de italianos salieron para Venezuela a lo largo del siglo XX, buscando una vida nueva en el país caribeño que, en medio de su crecimiento, abrió los brazos a quienes llegaban con manos dispuestas a construir, cocinar, sembrar, curar, enseñar y amar.

Décadas después, con el cambio de los vientos, muchos venezolanos emprendieron el mismo viaje, en sentido contrario. Y fue Italia, la tierra de Dante y de Da Vinci, la que les dio cobijo. Les ofreció un espacio para recomenzar, para reinventarse. Dos patrias para emigrantes a las que queremos dibujar gracias a la semántica de Gina Saraceni por medio de cinco archi-lexemas —literatura, poesía, lengua/entre lenguas, pertenencia/raíces, herencia/memoria—, resultado de sus obras y de sus experiencias vivenciales.

Desde tu experiencia como literata, ¿cómo definirías la "literatura" más allá de los libros y géneros tradicionales?

La literatura es una lengua que le da existencia verbal a lo impensado y lo impensable. Con esto quiero decir que visibiliza otras lógicas de pensamiento, diferentes a las dominantes y antropocéntricas, que expanden los límites del conocimiento establecido y hacen aparecer otros cuerpos, lenguas, vínculos, afectos que exceden el protocolo identitario nacional relacionado con la clase, la raza, el género u otros paradigmas normativos. A través de un uso particular del lenguaje, la literatura pone a tambalear verdades y saberes, e imagina otras formas de existencia más flexibles, impredecibles y alternativas.

Como hija de emigrantes italianos en Venezuela, desde muy joven me interesó un tipo de literatura que pusiera en crisis el concepto de pertenencia nacional y hablara de la fractura, la mezcla, la diferencia, el intercambio, la transculturación como factores medulares del proceso identitario. Pienso, por ejemplo, en escritores latinoamericanos como Vicente Gerbasi, Márgara Russotto, Gloria Anzaldúa, Sylvia Molloy, Roberto Raschella, Sergio Chejfec, Fabio Morábito —por mencionar algunos—, que hicieron de la literatura un espacio para reflexionar sobre la condición migrante del sujeto y de la lengua, y cuestionar los conceptos de estabilidad y fijación que están en la base del discurso de la identidad. En este sentido, es en la propia materialidad de la escritura donde la extranjería se inscribe abriendo camino a lenguas-entransición que entran y salen de una cultura a otra arrastrando consigo fragmentos, pedazos, restos de cada una, propiciando, de este modo, una conciencia mayor sobre la porosidad del lenguaje y sus múltiples formas de darle sentido a la experiencia. La literatura es, entonces, un espacio que registra los sonidos de la memoria y da cuenta de ese estar entre-lenguas en el que se juegan la pertenencia a una comunidad, a una ciudadanía, a un país. También muestra los modos como la primera lengua —la materna— regresa cuando escribimos en otra lengua. Según Fabio Morábito, el idioma materno

... es un hueso duro de roer. Cuando se cree que por fin nos liberamos de sus palabras, sus giros sintácticos, sus modismos intraducibles a otros idiomas, y que después de tantos años de hablar, soñar, amar e injuriar en otra lengua, uno se ha emancipado de su atadura, resulta que, al igual que esas calcificaciones de materia marina que se adhieren al cuerpo de las ballenas y que semejan enormes quistes, el viejo idioma no ha desaparecido, sólo se ha replegado en ciertas zonas. (2014, p. 175)

Esto muestra que la lengua es una materia viva que siente y habla desde los afectos y el idioma que esos afectos hablan.

¿En qué momento sentiste que la "poesía" era algo que te habitaba, más que algo que leías o escribías? Desde ahí, ¿cómo la defines?

La pregunta por la poesía está asociada a un uso particular de la palabra que no aspira a ser "utilitaria" en el sentido de proporcionar una comunicación directa y referencial del mundo sino, por el contrario, a enrarecer el sentido de este a través de nuevas correspondencias y relaciones entre el signo y la cosa, que dan lugar a otras formas de pensar y conocer y que motivan nuevos modos de imaginar. La poeta italiana Antonella Anedda habla de la poesía como "un'intensificazione del reale che passa anche attraverso il suo scardinamento, il moltiplicarsi e capovolgersi delle prospettive" (Anedda y Biagini, 2021, p. 15) que incluye, entre otras posibilidades, el contacto entre lenguas, la mezcla, la confusión, la alternancia, además de la lengua nacional delimitada y normada.

Para mí la poesía es una lengua de resonancias, ecos, ritmos, capaz de nombrar experiencias que no caben dentro del lenguaje común. Leer y escribir poesía es una forma de la escucha como si la escritura poética consistiera en acercar el oído a las cosas para oír sus vibraciones y secretos, y tejer puentes y vínculos entre las materias del mundo. Por ejemplo, cuando escribí Adriático, mi deseo era que, a través de la palabra poética, el mar Adriático y el mar Caribe se volvieran una misma entidad acuática donde cada mar se manifestara como parte y complemento del otro a partir de referencias a cosas pequeñas y sutiles. Quise apostar por la capacidad del lenguaje de ser una corriente que vinculara dos orillas convirtiéndolas en un tercer espacio donde fuese posible ser y estar "entre" sin elegir, sino transitando de un lado a otro en búsqueda de una pertenencia más líquida y fluida. Entonces, si bien los dos mares aluden a dos universos culturales y afectivos diferentes, la poesía hace posible nadar en ambos a la vez porque crea un mar indeterminado, en tránsito permanente entre geografías e idiomas.

¿La "lengua" te posee o la posees? ¿Cómo se transforma tu definición de lengua al escribir, pensar y soñar desde dos sistemas lingüísticos distintos?

Considero importante hacer una breve reflexión sobre la migración como una experiencia de deslocalización geográfica y lingüística. El verbo "partir" significa irse de un lugar, desplazarse hacia otro sitio, y también romper, dividir, separar algo. En este sentido, los migrantes son sujetos doblemente partidos: porque se fueron de su país y territorio, y porque, al irse, fracturaron su identidad, sus afectos y su lengua.

¿Qué sucede con esa lengua partida cuando se vuelve escritura?

¿Cómo darle una existencia escrita a una lengua que perdió la casa y la madre, y adquirió otra memoria y otro léxico para nombrar el mundo?

El poema "La Guaira", de Adriático, es un intento de mostrar cómo el sujeto que migra —el padre— "pesca en el agua de otro idioma" (Saraceni, 2021, p. 38) peces que tienen nombres diferentes a los de la lengua materna, pero que se convierten para él en los mismos pescados, a pesar de la partición y la fractura que el viaje de Italia a Venezuela implica:

Mi padre se fue lejos a pescar.
Tan lejos que cruzó el Atlántico.
No conocía la lengua del trópico
que calcina todo lo que nombra;
tampoco los pelícanos, los uveros,
los cocos que se volvieron
paisaje y pertenencia.

Distante de su tierra,
aprendió a esperar en la luz.

Pescaba en el agua de otro idioma
carites, roncadores, meros, pargos
los mismos peces que sacaba
con su anzuelo de las olas
en el muelle lejano de San Vito.
El mar era otro mar
y mi padre el mismo hombre
que se fue lejos a pescar. ( Saraceni, 2021, p. 38)

"El mar era otro mar" (Saraceni, 2021, p. 38) no establece una división irreconciliable entre el allá y el aquí de dos continentes y países; es un puente que vincula, que hace transitar y mezclar las energías afectivas no para simplificarlas, sino para confrontarlas y abrirlas a nuevos devenires.

La lengua, entonces, es inapropiable porque está viva y siempre nos sorprende su potencia de variación y significación.

¿Qué significa tener "raíces" cuando se pertenece a más de un lugar? ¿La "pertenencia" es geografía o es escritura?

Desde que era niña la naturaleza y el mundo vegetal me han interesado de modo especial, no solo desde una perspectiva botánica y ambiental, sino también porque fueron para mí un reservorio inagotable de metáforas para pensar las relaciones con el mundo. Cuando escribí mi tesis doctoral sobre la herencia y la memoria familiar (Saraceni, 2008a) empecé a pensar "con" las raíces, los árboles, las ramas como si mi cabeza fuera un manglar donde proliferaban conexiones y relaciones que me permitían cuestionar la idea de la familia y del relato genealógico como descendencia y continuidad para pensarlos desde sus desvíos y quiebres.

La raíz entendida como el origen, el principio, la fuente, la descendencia está en el tiempo, es decir, es vulnerable a la historia que la transforma y reescribe. Esto significa que, si bien hay una casa desde donde comienza el relato de una vida, esta casa-raíz es también la historia de su transformación, su pérdida simbólica o material, su devenir futuro según las condiciones políticas, económicas, sociales que la modifican y la convierten en un espectro que pide ser escuchado y escrito.

Ahora que no vivo ni en Caracas ni en Italia —que son "mis dos mundos"—, sino en Bogotá, he conocido la experiencia de una extranjería radical que ha alterado la percepción de mis casas de prove­niencia, potenciando su valor afectivo y simbólico ante la sensación de orfandad que "el estar afuera" genera. Pero este hecho de no "formar parte" o de "formar parte" bajo la categoría de "migrante", ha implicado una relectura de mi vida como hija de migrantes italianos en Venezuela que ahora es migrante venezolana en Colombia. Este desplazamiento forzado, que nunca hubiera hecho, me llevó a escribir Adriático, que es también la escritura de un cambio de lugar de enunciación porque a los dos países de origen se añadió ahora un tercero, desde donde escribir implica otra mirada sobre mis dos mares y ser otra por su falta y lejanía.

Bogotá

Me llevo la playa,
sus maderas rotas,
sus cigarras muertas.
Me llevo la mora
para comérmela lejos
y la poesía italiana
para oír su acento
cuando esté distante.

Estoy a 2650 metros
sobre el nivel del mar:

llueve en Bogotá. (Saraceni, 2021, p. 72)

Este poema muestra la deslocalización del sujeto poético que, desde la distancia inalcanzable de la playa y las cigarras adriáticas, y del "trópico absoluto", busca pertenecer a través de la lectura-escucha de la poesía italiana.

Agosto

Está lejos el verano
y su vibrante
canto animal.

La ciudad extranjera
arranca los higos
que esperaban madurar en agosto.

Crece la hierba
entre el Adriático
y yo. (Saraceni, 2021, p. 128)

¿Cómo se manifiestan la "herencia" y la "memoria" en tu escritura? ¿Sientes que cada lengua o país te deja un tipo distinto de recuerdo o legado?

Esta pregunta lleva a detenerme en los vínculos que hay entre mi trabajo crítico y el poético. Durante varios años mi investigación tuvo como eje la memoria y la herencia, y los modos cómo, en la literatura latinoamericana, se representan los legados fracturados en la lengua y la pertenencia. Por otro lado, en mi poesía esta misma preocupación fue inevitable y transversal en todos los libros porque me sentía heredera de un pasado familiar al que quería darle una forma escrita que registrara materialmente la presencia de más de una lengua. Fui entendiendo que no se puede recordar fuera de una lengua y la memoria tiene la lengua en que sucedieron los hechos rememorados. Recordar es escuchar la voz del pasado y darle una forma escrita. La lengua madre es la primera memoria, un llamado que reconocemos lingüística y afectivamente incluso cuando la olvidamos o dejamos de hablar. Para un sujeto multilingüe la lengua materna es un estado de alteración donde varias fuerzas se combinan y hablan según el idioma en que el recuerdo haya sucedido.

En La lengua absuelta (1980), Elías Canetti reflexiona sobre la relación existente entre idioma y experiencia cuando observa: "cada deformación de las palabras me aflige, como si las palabras fueran criaturas sensibles al dolor" (p. 40). Y, al referirse a su condición entrelenguas, añade: "Me contaron los cuentos en búlgaro pero los conozco en alemán y esta misteriosa transposición sea quizás la cosa más singular que yo puedo contar de mi infancia" (p. 40). Llama la atención que el autor nombre el tránsito entre varias lenguas que caracterizó su infancia como "misteriosa transposición", porque pone el énfasis en el traslado que supone ir de una lengua a otra, hacia un más allá de una lengua, mediante un "misterioso" recorrido donde se pisan dos idiomas sin estar del todo seguros de dónde termina uno y comienza el otro. Este no saber es la marca más importante de su infancia, además de su enigmático modo de sonar.

Sobre la herencia he reflexionado mucho y pudiera sintetizar lo que teóricamente implica heredar con esta cita:

La pregunta por la herencia y por los modos de apropiación de un legado supone interrogarse sobre lo que nos antecede y recibimos sin elegir. Como un llamado, un mandato, una voz que clama ser respondida, una marca inscrita en la lengua y en la sangre, la herencia exige hacerse cargo de lo que en ella hace ruido: esa zona defectuosa donde el patrimonio se resiste a la inversión y pide ser intervenido, interferido y hasta traicionado. Lo que nos es legado es lo que de la herencia está en falta, lo que a la herencia le falta. La labor del heredero es entonces enfrentar esa falla y volverla productiva y simbólicamente rentable. Es recorrer ese excedente que de la herencia es inapropiable para intentar torcerlo, darles otras formas, otros modos de responder a la deuda que el legado reclama. (Saraceni, 2012, p. 11)

Por último quiero añadir que escribir crítica y poéticamente sobre la memoria y la herencia me ha hecho entender que el pasado se recuerda en las lenguas en las que se lo ha vivido. Cuando uno quiere escribirlo —como es mi caso—, toca nadar entre dos mares, surfear olas, enfrentar corrientes para encontrar la lengua capaz de expresar las vibraciones de la memoria.

La entrevista a una poeta no busca solo datos o biografía; busca resonancias. Más que obtener respuestas, el objetivo es abrir puertas, seguir hilos, permitir que su mirada sobre el mundo —y sobre el lenguaje— se despliegue libremente. Entre Venezuela e Italia —pasando por Colombia—, Gina Saraceni se mueve entre historias de migración, de almas que vuelven a empezar, de espíritus que llegan, no olvidan, reinventan y dejan huellas.

Quizás por eso, entrevistar a una poeta con semejante pasado exige algo más que preparación: requiere escucha verdadera, sensibilidad y una disposición a aceptar que no todas las preguntas tendrán respuesta, o que, a veces, la respuesta será otro poema. Entrevistar a una literata no es solo un acto de diálogo, sino de aprendizaje. Cada frase suya abre caminos, cada reflexión desplaza, cada palabra elegida carga con una historia de lectura, de pensamiento, de escritura. Es una profunda lección de humanidad que cruza miedos, reinventa identidades y construye hogares en medio de la incertidumbre. Lo que parecía una entrevista se convierte, sin previo aviso, en una lección. Y se sale de ahí —si se ha sabido escuchar— con más preguntas que certezas. Pero también con una gratitud honda, la de haber sido testigo de una mente que piensa con palabras y más allá de ellas.



Referencias

Anedda, A. y Biagini, E. (2021). Poesia come ossigeno. Per un'ecologia della parola. Chiarelettere editore.

Cadenas, R. (2007). Un'isola e altre poesie (selec. y trad. de G. A. Saraceni). Ponte Sisto.

Canetti, E. (1980). La lengua absuelta. Muchnik.

López Ortega, A., Gomes, M. y Saraceni G. A. (2019). Rasgos comunes. Antología de poesía venezolana del siglo XX. Pre-Textos.

Merini, A. (2000). Poemas (selec. y trad. de G. A. Saraceni). Ediciones Angria.

Morábito, F. (2014). El idioma materno. Ediciones Gog y Magog.

Pantin, Y. (2008). I bassi sentimenti (pról. y trad. de G. A. Saraceni). Ponte Sisto.

Saraceni, G. A. (1995). Entre objetos respirando. Editorial Eclepsidra.

Saraceni, G. A. (1997). La llegada inconclusa. Tránsito y desembarco de tres viajeros británicos en La Guaira (1830-1871). Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos.

Saraceni, G. A. (2001). Salobre. Casa de la Poesía de Falcón.

Saraceni, G. A. (2002). El verde más oculto. Antología poética de Fabio Morabito. Editorial La Nave Va.

Saraceni, G. A. (2008a). Escribir hacia atrás. Herencia, lengua, memoria. Beatriz Viterbo.

Saraceni, G. A. (2008b). En-obra. Antología de la poesía venezolana contemporánea (1983-2008). Equinoccio.

Saraceni, G. A. (2012a). Soberanía del defecto (Legado y pertenencia en la literatura latinoamericana contemporánea). Equinoccio.

Saraceni, G. A. (2012b). Casa de pisar duro. Fundación para la Cultura Urbana.

Saraceni, G. A. (2018). Lugares abandonados. Antología personal. Editorial EAFIT.

Saraceni, G. A. (2021). Adriático. Editorial de la Universidad Javeriana.

Saraceni, G. A. (2022). Adriatico (trad. it. de S. Mignano). Alliteration.




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