EL PENSAMIENTO FILOSÓFICO DE PABLO GUADARRAMA GONZÁLEZ Y SU RELEVANCIA PARA AMÉRICA LATINA1


NOTAS, DISCUSIONES Y ENTREVISTAS

1 Resumen de las reseñas de Cristóbal Arteta, Eduardo Bermúdez y José Gabriel Colei en presentación del libro de Guadarrama en la Facultad de Humanidades de la Universidad c Atlántico, Barranquilla, el 24 de abril de 2025.


Cristóbal Arteta 2
Eduardo Bermudez 3
José Gabriel Colei 4

2 Universidad del Atlántico y Universidad Libre de Barranquilla. Magíster en Educación y Filosofía de la Universidad Santo Tomás, Bogotá. Profesor e investigador en Filosofía. Editor de la Revista indexada Amauta y Director grupo de investigación Amauta. Cat B Colciencias.

3 Universidad del Atlántico. Doctor en Psicología de la Universidad del Norte. Profesor. Presidente fundador de la Asociación Filosófica del Caribe Colombiano. Miembro del Comité Directivo de la Federación Internacional de Sociedades Filosóficas.

4 Universidad del Atlántico. Magíster en Filosofía Latinoamericana. Profesor Titular de Filosofía. Doctor Honoris Causa Universidad Valladolid, Puebla, México.


Fecha de recepción: 08 de julio de 2025
Fecha de aceptación: 28 de julio de 2025.


Referencia: Arteta, C., Bermúdez, E. y Colei, J. G. (2025). He vivido por y para la filosofía de nuestra América. Autobiografía intelectual. Pablo Guadarrama González. Cultura Latinoamericana, 41(1), 213-218. http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2025.41.1.14




Deseamos reflexionar sobre la contribución del filósofo cubano Pablo Guadarrama González al pensamiento filosófico latinoamericano. Como investigador en filosofía, interesa destacar la relevancia de su obra para nuestra región.

Su libro He vivido por y para la filosofía de nuestra América. Autobiografía intelectual, publicado en Colombia por la Editorial Magisterio en 2024, recoge en sus 535 páginas no solo los trazos más relevantes de la vida intelectual de este autor -con enriquecedoras anécdotas de las cuales se desprenden útiles enseñanzas para jóvenes investigadores y profesores-, sino también el largo proceso de construcción teórica y metodológica que, durante algo más de cuatro décadas de intensa labor académica en varios países, pero fundamentalmente en Cuba y Colombia, le ha permitido publicar una veintena de libros sobre teoría de la cultura, epistemología, metodología de la investigación científica, filosofía política e historia del pensamiento filosófico latinoamericano.

Guadarrama es conocido por su trabajo en la historia de la filosofía en América Latina y su búsqueda de una identidad filosófica propia para nuestra región. En su obra, destaca la importancia de considerar la realidad histórica y cultural de América Latina para desarrollar un pensamiento filosófico auténtico. Critica la imitación acrítica de modelos filosóficos extranjeros, y aboga por una filosofía que se nutra de nuestras propias raíces y experiencias.

Nos invita a pensar en la identidad filosófica de América Latina, más allá de la imitación de modelos externos. Su enfoque en la historia de la filosofía en nuestra región nos permite comprender mejor nuestras raíces y nuestra realidad.

Su obra se cruza con la de otros pensadores latinoamericanos que buscan una filosofía auténtica y contextualizada, lo cual nos lleva a reflexionar sobre la importancia de la interdisciplinariedad y la contextualización en la investigación filosófica.

Guadarrama también enfatiza la necesidad de una mayor conciencia sobre la diversidad cultural y filosófica de América Latina. Su trabajo es un llamado a reflexionar sobre nuestra identidad y a construir un pensamiento filosófico que sea verdaderamente latinoamericano.

En Colombia, podemos encontrar resonancias de las ideas de Guadarrama en la obra de pensadores que han reflexionado sobre la relación entre filosofía y realidad, tales como Estanislao Zuleta y Guillermo Hoyos, entre muchos otros.

También podemos encontrar ejemplos de cómo el pensamiento filosófico latinoamericano se ha desarrollado en diálogo con la realidad nacional. La obra de Guadarrama nos inspira a seguir trabajando hacia una filosofía que sea verdaderamente nuestra y que responda a las necesidades y los desafíos de nuestra región.

El legado de Pablo Guadarrama nos recuerda la importancia de la reflexión filosófica contextualizada y auténtica. Es un legado que nos invita a repensar nuestra identidad y a construir un futuro más auténtico y justo para América Latina. Y nos inspira a seguir trabajando hacia una filosofía que sea verdaderamente nuestra.

Cristóbal Arteta

Con el filósofo de Santa Clara: Pablo Guadarrama González, nos une, desde 1994, la insobornable pasión por construir nuestra América filosófica. Este extracto identifica muy bien el núcleo de nuestras conversaciones:

Hace apenas medio siglo en la mayor parte de las universidades latinoamericanas era rara avis la existencia de una cátedra o equipo de investigación que se dedicara al estudio de las ideas filosóficas del país en cuestión o de esa región.

En tanto que en Europa o Norteamérica tampoco era común que existieran con ese grado de especialización cátedras sobre la filosofía de estos países, pues era lógico que los profesores de filosofía se viesen precisados de una forma u otra a incluir dentro de sus estudios y lecciones a los representantes de sus respectivas culturas.

Nadie dudaba de su condición de clásicos imprescindibles y hasta los filósofos de menor talla eran nombrados o se les dedicaba alguna que otra atención para demostrar que los gigantes también tenían subalternos y dejaban discípulos mayores y menores.

Sin embargo, a ninguno de aquellos profesores se le hubiera ocurrido incluir en algunas de sus lecciones a uno de los pensadores de aquellos países periféricos que estaban condenados a no tener acceso al reconocimiento de la "cultura universal". Cuando hacían alguna referencia a ese mundo marginado, como el caso de Hegel, por lo general era para intentar demostrar la carencia del logos en los pueblos colonizados, a los cuales se les debía "llevar la cultura", y con ella la filosofía que a su juicio era un producto exclusivo de Occidente. (Guadarrama, 2024, pp. 59)

Enrique José Varona ha sido para Pablo lo que para nosotros Julio Enrique Blanco: un puente de unión e integración entre Nuestra América y el pensamiento filosófico mundial. En su autobiografía Pablo Guadarrama nos dice: "Descubrir la existencia de una historia de la filosofía en América Latina, de valiosas expresiones de humanismo, y tratar de transitar por ellas, ha sido una de las misiones fundamentales de mi consagrada vida intelectual" (Guadarrama, 2024, pp. 58).

El fortuito conocimiento del libro La trayectoria del pensamiento filosófico en Latinoamérica, del ecuatoriano Alfredo Carrillo Narváez, que me había prestado el amigo colombiano Augusto Díaz Saldaña, cambió significativamente el rumbo de mi vida intelectual. Acostumbrado al eurocentrismo dominante en la enseñanza de la filosofía, incluso en Cuba, me sorprendió en la lectura de aquel libro que existiesen tantos pensadores latinoamericanos cultivadores del saber filosófico. Fue en ese momento cuando me hice varias preguntas que me servirían para orientar el rumbo de mi vida intelectual. (...) Era necesario destacar la riqueza de la vida filosófica latinoamericana, pero sin caer en el extremo opuesto, que observamos se manifestaba en ocasiones hiperbolizándola o pronosticándole una futura hegemonía mundial. Por supuesto que tal tipo de etnocentrismo me resultaba tan insostenible como el eurocentrismo que se presuponía combatir. (Guadarrama, 2024, pp. 124)

Una autobiografía intelectual no debe concebirse simplemente con la información sobre los acontecimientos, ideas, experiencias, etc., de la trayectoria existencial de una persona. Por alguna razón, en la actualidad las historias de vida se reconocen como un instrumento válido en la metodología de la investigación científica. Ellas, además de revelar algunas facetas de la evolución de su pensamiento o actividades, permiten conocer y valorar mejor la época en que esta ha vivido, las instituciones en las que se ha formado, en especial las personalidades que coadyuvaron a su educación y las cualidades de otras que desempeñaron un papel significativo en su desempeño intelectual, las costumbres prevalecientes en su ambiente cultural, las ideologías predominantes, los factores favorecedores y obstaculizadores del desarrollo de su generación, las particularidades del desarrollo sociopolítico y económico de los países en que ha vivido quien la escribe... (Guadarrama, 2024, pp. 491)

Eduardo Bermúdez

Buena parte de su vida, sumando estadía tras estadía, el maestro Pablo la ha transcurrido en Colombia. Me lo había presentado el profesor José Ramón Llanos en Barranquilla, pero ya él estaba vinculado con cátedras en Bogotá en la Universidad INCCA de Colombia, desde fines de la década de los ochenta, enlace docente que luego lo extendió a la Universidad Nacional y a la Universidad Católica de Colombia donde aún continúa, acomodando tiempos especiales y horarios, para no desprenderse de la Universidad Central "Marta Abreu" de su natal y hermosa Santa Clara, la ciudad del Ché Guevara, a quien le dedica un capítulo en su libro.

Desde una primera conferencia suya en 1991 en la Universidad del Atlántico, Pablo nos siguió frecuentando, no solo para replicar en los Conversatorios, que llevan ya 34 años de existencia ininterrumpida, sino impartiendo cursos en la "Cátedra Internacional Julio Enrique Blanco", igual que el Instituto de su mismo nombre. Desde que se fundó el Instituto sus actividades académicas fueron intensas en la universidad, la ciudad y el departamento, contribuyendo a demandar la apertura de un programa de Filosofía.

Pero el programa continuó sin abrirse por lo que invocando soberanamente la autonomía universitaria proclamada por la Constitución del 91, y sin permiso oficial del Icfes, se ofreció para el segundo semestre de 1997 (21 de julio), después de diez años de espera, siendo quien escribe decano de la Facultad de Ciencias Humanas. Pero este hecho no fue producto de una labor personal, sino que estuvimos involucrados todos en un colectivo filosófico, en el cual Pablo Guadarrama González tiene un sitial de honor, habiendo sido una especie de comadrón intelectual, en el mejor sentido socrático, en una universidad irónicamente fundada por un filósofo y pionero de la filosofía moderna en Colombia.

Pablo ha escrito una veintena de libros y esta es su más reciente publicación. Voluminosa, pasa de 500 páginas, pero bien podría haber sido el doble o el triple, si solo de vivencias se tratara. Y aunque es una autobiografía intelectual no se puede separar una cosa de la otra. Por eso, el texto comienza desde su infancia y la formación de sus valores que coinciden con los que la Revolución cubana le cimentó con su "visión esperanzadora" en la aurora de la década de los sesenta, la cual continuó solidificando en su doctorado en la Universidad de Leipzig, de la Alemania Oriental de entonces, hasta "tomar la determinación vital de estudiar la Filosofía de nuestra América", que es la que le da el título a la obra que nos ocupa.

Pablo nos ha asistido siempre, desde antes de nacer como programa, siendo por ello Barranquilla, después de Bogotá, la ciudad en la que más ha permanecido en el país.

En la obra que se referencia, sin dejar de lado el hilo histórico conductor, se aborda lo universal y lo específico en la cultura, la filosofía de la liberación, el proyecto socialista cubano, la crisis del socialismo, la ortodoxia marxista, el discurso posmodernista y, por supuesto, en su parte culminante, el pensamiento filosófico, la justicia social y la integración latinoamericana.

En definitiva, este libro de Pablo es todo un balance de su vida intelectual disgregada en cuarenta capítulos donde aparecen sucesivas síntesis de sus textos anteriores que, a su vez, son producto de su trasegar incansable en el campo de la docencia, la investigación y la extensión universitarias; amén de sus aportes en conferencias, cursos y congresos especializados en los que ha participado a nivel mundial. Es decir, es la vida de un educador incansable e itinerante de más de medio siglo que se ha "enfocado en descubrir y transitar por el humanismo en el pensamiento filosófico latinoamericano", según sus propias palabras.

Y así lo reconoce nuestro viejo conocido intelectual caleño Ricardo Sánchez:

La personalidad y el periplo de Pablo Guadarrama se inscriben en la tradición de importantes maestros de la cultura y las ideas de nuestra América, a partir de su quehacer como filósofo e investigador, en simultaneidad con su intensa y extensa tarea educativa y pedagógica; actividades, a las que ha permanecido fiel toda su vida. (Sánchez Ángel, 2014, p. 63)

Es decir, como lo expresa el mismo Pablo, ejerciendo "el sacerdocio de la educación".

Se ha sostenido por parte de los más encumbrados y excelsos representantes de la filosofía latinoamericana que su fin es el ideal ético, humano y, por ende, la justicia social, y a eso dedicó su vida el amigo Pablo desde su regreso de Europa, proponiéndose esta titánica empresa desde sus orígenes. No obstante, repetimos, su trabajo enjundioso no fue solitario, por lo cual él reconoce, citando a Martí, que: "No se pueden hacer grandes cosas sin grandes amigos", que es lo que he sostenido en esta intervención. Y las presentes y futuras generaciones, que serán los continuadores de estos ideales, lo agradecerán.

Solo me resta expresarte maestro Pablo Guadarrama González, a nombre de la Universidad del Atlántico, la Facultad de Ciencias Humanas y el programa de Filosofía, el cual contribuiste a forjar, nuestro más sincero reconocimiento público por tu permanencia académica constante con nosotros.

José Gabriel Colei



Referencias

Guadarrama, P. (2024). He vivido por y para la filosofía de nuestra América. Autobiografía intelectual. Editorial Magisterio.

Sánchez Ángel, R. (2014). "Semblanza intelectual de Pablo Guadarrama". Cultura latinoamericana. Revista de estudios interculturales, 19. https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/1661/1540




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