Propuesta de un sistema de indicadores para evaluar la calidad visual del paisaje urbano en asentamientos informales

Johana Andrea Mesa Carranzacorresp1, , *; Oswaldo López Bernal, **; Adriana Patricia López Valencia, ***

Universidad del Valle, Cali (Colombia) Escuela de Arquitectura. Grupo Hábitat y Desarrollo Sostenible, Colombia , Universidad del Valle, Cali (Colombia) Escuela de Arquitectura. Grupo Hábitat y Desarrollo Sostenible, Colombia , Universidad del Valle, Cali (Colombia) Escuela de Ingeniería de los Recursos Naturales y el Ambiente (Eidenar), área de gestión ambiental, Colombia

** Arquitecta, Universidad del Valle, Cali (Colombia).

Joven investigadora e innovadora “Virginia Gutiérrez de Pineda” de Colciencias 2012.

Ganadora del primer premio de vivienda económica, ConvivE IV, concurso binacional de hábitat andino de la revista Escala, 2009.

Investigadora, Escuela de Arquitectura de la Universidad del Valle.


*** Arquitecto, Universidad Católica de Colombia, Bogotá (Colombia).

Magíster en Gestión ambiental urbana, Universidad Javeriana, Bogotá (Colombia).

PhD en Urbanismo, Universidad Nacional Autónoma de México.

Estancia posdoctoral en la Universidad de Montreal, programa de Faculty Research Program del Gobierno Canadiense.

Profesor e investigador, Escuela de Arquitectura, Universidad del Valle.

oswaldo.lopez@correounivalle.edu.co


**** Arquitecta, Universidad del Valle.

Especialista en Gestión ambiental, Universidad Autónoma de Occidente.

Magíster en Urbanismo, Universidad Nacional de Colombia.

PhD en Ciencias Ambientales, Universidad del Valle.

Ganadora del premio Green Talents 2010 del Ministerio de Educación e Investigación de Alemania.

Profesora e investigadora, Escuela de Ingeniería de los Recursos Naturales y el Ambiente, Universidad del Valle.

adriana.lopez@correounivalle.edu.co


Correspondence: E-mail:
Corresponding author:
Johana Andrea Mesa Carranza
E-mail:

Resumen

Los asentamientos informales son producto de procesos espontáneos de urbanización y se conforman sin ninguna planificación oficial, generando exclusión social y marginalidad, las cuales repercuten negativamente en el aspecto físico del entorno urbano y en la calidad de vida de los habitantes. Este texto se enfoca en la construcción de los lineamientos de confort ambiental orientados a la calidad visual del paisaje urbano; a partir de una revisión bibliográfica descriptiva se presentan los diferentes autores y conceptos que definen al paisaje urbano; se identifican los principales componentes que lo conforman y, a partir de estos, se propone un sistema de indicadores para valorar su calidad visual, bajo la integración de factores inherentes a las dimensiones ecológica, estética y cultural, los cuales contribuyen a definir el diagnóstico de cada componente propuesto, además de establecer un sistema de evaluación que favorezca el mejoramiento de la calidad visual del paisaje urbano informal, proporcionando resultados que ayuden al proceso de diseño y a la preservación o el mejoramiento del mismo.

Received: 2014 March 10; Accepted: 2015 August 12

1657-0308. 2016 ; 18(1)
doi: http://dx.doi.org/10.14718/RevArq.2016.18.1.4

Keywords: Palabras clave diseño del paisaje, diseño urbano, paisaje cultural, paisaje natural, protección del paisaje.
Keywords: Keywords Landscape design, urban design, cultural landscape, natural landscape, landscape protection.

Cómo citar

Mesa Carranza, J. A., López Bernal, O. & López Valencia A. P. (2016). Propuesta de un sistema de indicadores para evaluar la calidad visual del paisaje urbano en asentamientos informales. Revista de Arquitectura, 18 (1), 35-47. doi: 10.14718/RevArq.2016.18.1.4

Introducción

Este texto se presenta como parte de la investigación “Mejoramiento del confort ambiental urbano en asentamientos informales”, realizada en el marco del programa Jóvenes investigadores e innovadores “Virginia Gutiérrez de Pineda”, Convocatoria 566 del 2012 de Colciencias, iniciada en febrero del 2013 y finalizada en febrero del 2014, a través del proyecto académico-investigativo adelantado por el grupo de investigación “Hábitat y desarrollo sostenible” de la Escuela de Arquitectura, con el apoyo del área de Gestión Ambiental de Eidenar, Universidad del Valle, a partir de la idea de formular un sistema de medición ambiental urbano enfocado principalmente en la calidad del paisaje urbano que, aplicado a asentamientos informales, contribuya al mejoramiento de las condiciones de la calidad físico-espacial del espacio público, e incremente la calidad de vida de la población socialmente más vulnerable en las ciudades colombianas.

En primera instancia, se resalta que la intención de evaluar la calidad visual del paisaje urbano es estudiada desde hace algunos años por varios autores ( Lynch, 1992 ; Fry, Tveit, Ode y Velarde, 2009 ; Briceño, Contreras y Owen de Contreras, 2012 ), los cuales buscan incorporar e integrar la dimensión ecológica, estética y cultural en la construcción del paisaje urbano, como herramienta que contribuya a mejorar la calidad de vida ambiental de las ciudades, como objetivo específico dirigido a la construcción del paisaje urbano sostenible.

El artículo está estructurado en dos partes. En la primera se expone una visión general de las formas en las que puede ser evaluado un paisaje, abordada por diferentes autores con sus definiciones generales y específicas respecto al tema; en la segunda se presentan los resultados de los indicadores propuestos que sintetizan el valor ecológico, estético y cultural del paisaje urbano alimentando el concepto de calidad del paisaje, tomando en cuenta lo descrito a lo largo del texto.

Como punto de partida es importante entender que los asentamientos informales son, por lo general, áreas de gran extensión de territorio que albergan comunidades en viviendas autoconstruidas, bajo deficientes condiciones de vida y sin ninguna iniciativa de planificación oficial ( Arango, 1990 ; Busquets, 1999 ; Saldarriaga, 2002 ; Duhau, 2003 ; Torres, 2007 ) ( figura 1 ).

Normalmente ubicados en los bordes de las ciudades, en terrenos marginados o en zonas vulnerables, los asentamientos informales son el producto de una necesidad inmediata de obtención de vivienda de las comunidades urbanas de escasos recursos ( Rebotier, 2010 ), problema que surge debido a la pérdida de control por parte del Estado sobre las áreas de expansión urbana, y a las deficientes propuestas de política de vivienda de interés social (VIS) ( Brakarz, Greene y Rojas, 2002 ; Saule, 2008 ) que da como resultado la proliferación de viviendas elaboradas con materiales reciclados o provisionales, que se construyen con un saber empírico, ajeno al orden urbano formal ( Clichevsky, 2000 ; Duhau, 2003 ; Hernández, 2007 ) en áreas de preservación ambiental o en zonas de alto riesgo con altas pendientes ( Davis, 2006 ; Rozo, 2011 ).


[Figure ID: gf1] Figura 1.

Características de un asentamiento informal


Alternate Text: Figura 1 Características de un asentamiento informal.
  —elaboración propia..

La figura 1 resume los principales aspectos hasta aquí expuestos y muestra cómo la pobreza y la desigualdad ocasionan una baja en los niveles de habitabilidad de los barrios informales, poniendo en riesgo, por el aumento de los mismos, la calidad de los espacios públicos y de las zonas verdes de la ciudad, ya que el acelerado crecimiento de las ciudades y la falta de planificación y control adecuado han conducido a la insuficiente generación de espacio público ( Hernández, 2008 ; Duhau, 2003 ) debido a la ocupación total de los terrenos por parte de la población más pobre, dejando solo los espacios de circulación, lo que aumenta la inequidad en estas zonas e invade el equilibrio ambiental del sistema urbano ( Sáez, García y Roch, 2010 ; Rozo, 2011 ).

Estas áreas urbanas suelen desarrollarse en entornos caracterizados por la segregación y la marginalidad, que los desconecta de las principales actividades de la ciudad, lo que evidencia el nivel de pobreza urbana en la que habitan estas poblaciones, la magnitud de las carencias y la profundidad de sus consecuencias sobre el desarrollo humano.

Bajo estas premisas, este artículo tiene como objetivo proponer un sistema de indicadores que contribuya a evaluar la calidad visual del paisaje urbano en áreas urbanas informales, que aporte al mejoramiento de las condiciones físico-espaciales del espacio público y al enriquecimiento del sentido de pertenencia de la población más pobre, a partir de la transformación del entorno construido, tomando como punto de partida el concepto de calidad visual urbana, el cual se analiza a lo largo del texto, para llegar finalmente a los primeros resultados de la propuesta de un modelo de indicadores aplicable a un asentamiento informal.

Metodología

El desarrollo metodológico de la investigación aborda, en una primera fase, la revisión bibliográfica de carácter descriptivo de diferentes conceptos y definiciones de la idea de paisaje urbano, identifica algunas aproximaciones metodológicas y los criterios que definen la calidad de dicho paisaje. Dentro de los aspectos consultados se identificaron tres dimensiones, la primera se refiere al ámbito ecológico y territorial, la segunda a la dimensión estética y visual orientada hacia la capacidad de percepción del observador y, por último, la cultura del paisaje. A partir de esta revisión se da forma a la propuesta de un sistema de medición basado en tres grandes grupos de atributos: los ecológicos, los estéticos y los culturales, a estos se les determinaron componentes, indicadores y variables, de esta manera se liga tanto el marco conceptual como la metodología para la comprensión integral del sistema de medición, con miras a la posibilidad de ser implementado en un asentamiento informal.

Resultados
El paisaje: concepto y campos de estudio

Partiendo de que el paisaje no es reflejo de una única corriente o de una sola disciplina académica, sino, por el contrario, es un concepto que tiene numerosos puntos de vista y significados que lo definen, es importante aclarar cuál es la descripción que aplica para el objeto de estudio de esta investigación, ya que el concepto no se toma de una sola definición, sino que se construye con base en diferentes aproximaciones que ayudan a definir la noción de paisaje.

Diversos autores hacen énfasis en determinados elementos a la hora de definir el paisaje, lo que da lugar a comprenderlo como la lectura del territorio a través de los recursos perceptivos del individuo, que integran las dimensiones naturales y artificiales del territorio, como resultado de la interacción inmaterial de la cultura y las costumbres de las poblaciones que habitan dicho territorio ( DRAE, 2001 ; Villarino, 1985 , p. 485; Santos, 2000 ; Arias, 2003 , p. 89; Ojeda, 2011 ; Bertand, 1968 ; Zonneveld, 1984 y Etter, 1990, citados por Morlans, 2005 ; Pérez, 2000 ).

De esta forma, el paisaje urbano es el resultado de la acción combinada de factores humanos, fenómenos físicos y factores naturales, que modifican permanentemente el espacio a través de la historia, por diversos procesos a lo largo del tiempo, dejando una huella visible en el desarrollo de las ciudades ( Briceño, Contreras y Owen, 2012 ).

En este sentido, es posible afirmar que el paisaje puede ser abordado a partir de tres dimensiones: la ecológica, la estética y la cultural (Jordana, 1992, citado por: Dos Santos, 2011 ; Briceño et al., 2012 ; Seia, 2004, citado por Arias, 2013 ).

La primera dimensión se hace desde los ámbitos ecológico y territorial, que estudian el efecto de la configuración espacial o “estructura morfológica” ( Vila, Vargas y Ribas, 2006 , p. 155) de los mosaicos terrestres sobre una amplia variedad de fenómenos ecológicos y sociales, a múltiples escalas espaciales y temporales ( Forman, 2004 ; Muñoz, 2004 ; Rodríguez, 2003 ; Moreno, 2007 ; Matteucci, 2009 ). Esta dimensión está estrechamente vinculada al uso y consumo de los recursos naturales de las zonas urbanas, y es catalogada como un entorno natural que el hombre, con sus actividades y tradiciones, transforma en un paisaje culturalmente aprovechado (Troll, 1938, citado por Morlans, 2005 ; Steiner, 2008 ), con el propósito de buscar equidad social y equilibrio ecológico sobre la calidad ambiental y de vida, contribuyendo a la idea de sostenibilidad ( Briceño, 2009 ).

La segunda dimensión es la estética y visual , que se orienta hacia la capacidad de percepción del observador ( Pérez, 2000 ; Muñoz, 2004 ; Masmela, 2010 ). Se refiere a la porción de territorio que es posible abarcar con los dispositivos perceptivos ( Lynch, 1992 ; Santos, 2000 ) apreciables por el observador cuando se sitúa en un punto del mismo o se mueve por él ( Villarino, 1985, p. 482) para crear una imagen mental del espacio a través de la experiencia vivida con el entorno ( Ojeda, 2011 ).

Mediante la percepción, el paisaje pasa a ser una realidad física experimentada por el hombre ( Villarino, 1985 ), donde cada grupo humano crea una percepción propia del espacio que ocupa, ya que de una forma u otra le pertenece a él o a sus antepasados ( Escribano et al ., 1989 , p. 46). Este enfoque está conectado con la relación afectiva y valorativa que tiene un espacio para los usuarios ( Briceño, 2002 ) y busca asegurar la identidad y estructura formal del mismo, de acuerdo con las necesidades y preferencias de la población.

Por último, el análisis se aborda desde la dimensión cultural del paisaje, la cual se centra en el aspecto social de las comunidades, como expresión estética de las formas de vida de la sociedad ( Ojeda, 2011 ; Briceño et al ., 2012 ). Es el resultado de los efectos de las actividades humanas en un territorio que es transformado a través de las costumbres y necesidades de una población determinada ( Berque, 2006 ; Gómez, 2010 ). En la Convención del Patrimonio Mundial de la Unesco, el paisaje se define como la repuesta a las formas de vida, tradiciones y creencias de una población ( Unesco, 1972 ) y se refleja en la manera de construir sus viviendas y de ocupar el territorio ( UN-Habitat / Rolac, 2004 ), concibiendo al paisaje cultural como un espacio natural modificado para sobrevivir, como una realidad compleja, integrada por componentes naturales y culturales, tangibles e intangibles ( Martorell, 2003 ), buscando establecer un modelo urbano que establezca la relación de los ecosistemas con los componentes físicos de cada cultura urbana, para así preservar los espacios más relevantes a la hora de una intervención.

En concordancia con lo anterior, y citando a Navarro, “el paisaje existe en tanto un individuo lo mire y lo interprete, pero si no existiesen los elementos de la naturaleza no habría nada qué interpretar y si solo está la naturaleza y no está el individuo para interpretarla tampoco habría paisaje” ( 2003 , p. 9). Así, al plantear la importancia de cada uno de los componentes a la hora de hablar de paisaje, la ausencia de algunos de ellos daría como resultado un análisis incompleto de las determinaciones culturales, sociales e históricas que enmarcan a dicho territorio.

Por otro lado, Navarro (2003) estudia el concepto de otro autor que clasifica el paisaje a partir de tres relaciones: “paisaje como naturaleza disponible para el hombre; paisaje como producto social y paisaje como construcción simbólica (Peña, 1998)”; lo anterior ayuda a definir los lineamientos en cuanto a los tipos de análisis y categorías por las cuales se puede estudiar un paisaje urbano, refutando la idea de que para el análisis integral de la calidad del paisaje se deben tener en cuenta todas las variables a la hora de generar una propuesta de mejoramiento.

Estas tres dimensiones conceptuales que se estudian en el texto: la estética, la ecológica y la cultural, forman en sí un sistema de definiciones compuesto por la suma de significados asociados unos con otros ( Tesser, 2000 ), y se concluye que un paisaje se integra a partir de varios componentes: “el paisaje natural como el medio, el ser humano como organismo y el paisaje cultural como resultado” ( Gómez, 2010 , p. 96) que, combinados, contribuyen al análisis integral del paisaje a partir de su descripción, interpretación y valoración, lo cual nos permite llegar a una aproximación del modelo de indicadores que contribuyan a alimentar la idea de calidad visual del paisaje en asentamientos informales.

Indicadores para evaluar la calidad visual del paisaje urbano

A partir de la identificación de los diferentes tipos de estudios del paisaje se proponen una serie de variables e indicadores que buscan evaluar el estado de la calidad visual del paisaje urbano por medio de los valores culturales de los asentamientos informales, relacionados con el estudio morfológico y perceptual del paisaje, lo que finalmente llevaría al mejoramiento de la calidad en los espacios donde logre implementarse dicho modelo de intervención ( Escribano et al., 1991 , citado por Tesser, 2000; Fry et al. , 2009; Briceño et al., 2012 ).

Atributos ecológicos

Este atributo tiene como objetivo la búsqueda de la equidad social y el equilibrio ecológico en los asentamientos urbanos, estudia los paisajes tanto naturales como antrópicos, además de las dinámicas espaciales del territorio ( Muñoz, 2004 ; Rodríguez, 2003; Villa, Vargas y Ribas, 2006 , p. 155; Moreno, 2007 ). Está directamente asociado al uso y consumo de los recursos naturales en las zonas urbanas (Briceño, 2009) y se centra en el conocimiento y la comprensión del desarrollo natural de la ciudad, así como en la adaptación a la actividad humana, reflejada en sus espacios y construcciones individuales o grupales.

Su valoración es objetiva ya que está relacionada con la identificación del estado de los ecosistemas y el ambiente construido, manifestado visualmente a través de la disposición de la forma, las funciones, los elementos y las dinámicas de la estructura urbana ( Santos, 2003 , p. 44), analizando sus interacciones e impactos de acuerdo con la dinámica de la población, con el propósito de ubicar usos específicos que puedan resultar mejor adaptados a la hora de un mejoramiento ( McHarg, 2000 ).

Con esa finalidad, este atributo analiza cómo se ve, se organiza y se configura la forma urbana; estudia cómo las actividades humanas generan impactos en el espacio y modifican el paisaje debido a la relación directa entre los objetos creados por el hombre y la naturaleza, como respuesta a las necesidades de un grupo social ( Fighera, 2005 , p. 115; Díaz Pineda y Schmtz, 2003, citados por Gurrutxaga y Lozano, 2008 ), las cuales pueden generar dinámicas acertadas o impactos negativos en el territorio.

En este sentido, cuando se habla de objeto se hace referencia a la forma, a la apariencia de las cosas o a la adecuación de la materia, buscando contribuir a un objetivo o necesidad ( Fighera, 2005 ); debido a esto, el atributo se analizará por medio de la relación paisaje-objeto , ya que el paisaje urbano es el conjunto de formas y objetos que las comunidades van creando como respuesta a las necesidades y adaptación al medio natural.

Esta relación paisaje-objeto busca analizar de manera lógica la forma urbana como respuesta a sus componentes e interrelaciones presentes en las comunidades ( Pérez, 2000 ; Briceño et al. , 2012 ), lo cual ayudaría a definir áreas para un uso potencial en donde coincidan la mayoría de elementos considerados favorables, en ausencia de mayores condiciones de deterioro, buscando entender el objeto como la forma que encierra el pasado y el presente de las comunidades, ya que conjunto de sistemas de objetos y de acciones ( Santos, 2000 ) que en un momento dado expresan las sucesivas relaciones que se han dado y se dan entre el hombre y la naturaleza ( Fighera, 2005 ; Gurrutxaga y Lozano, 2008 , p. 522).

En este sentido, este atributo se analiza a través de cuatro componentes: el primero corresponde al grado de conservación urbana, que indica la baja, media o alta preservación y estado de los elementos construidos ( Fry et al., 2009 ; Briceño et al ., 2012 ), estudiada a través de cuatro indicadores y trece variables ( tabla 1 ); el segundo componente es el grado de conservación natural, que indica el estado de los elementos naturales, según la poca, media o alta intervención humana, debido a “que el medio natural condiciona a los sistemas sociales, a través de los recursos que potencialmente pueden proporcionar, y a su vez, los sistemas sociales intervienen sobre los naturales a través de la cultura” ( Curtis y Massarini, 2007 ), analizada a través de dos indicadores y siete variables ( tabla 1 ).

El tercer componente es la forma urbana , que identifica el tipo de morfología urbana, estudiando la trama, manzana, calle, cruce y espacios abiertos ( Salas, 1999 ; Pérgolis, 2002 ; Acuña, 2005 ; Briceño y Gil, 2005 ), por medio de cinco indicadores y quince variables ( tabla 1 ) que analizan la ubicación de los elementos arquitectónicos y urbanos que ayudan a generar las imágenes de las cuales se alimenta la percepción visual.

El último y cuarto componente son las actividades, las cuales indican los diversos usos de la zona de estudio, caracterizados por su funcionalidad y zonificación (Lombo, 1998 ), reconociendo la proximidad de la población a los servicios básicos de la zona, y el nivel de accesibilidad y cercanía que hay entre las viviendas y los equipamientos, examinándolos a través de dos indicadores y cinco variables ( tabla 1 ) que contribuyen a entender cuál es la dinámica urbana del área por estudiar, para tener una visión concreta del uso que se le está dando a un espacio para definir si este es conflictivo o no.

En la figura 2 se resumen los principales aspectos por estudiar en este atributo y se muestra la relación paisaje-objeto como el elemento central sobre el cual se deben enfocar el resto de los análisis.


[Figure ID: gf3] Figura 2.
Áreas temáticas de estudio de los atributos ecológico

Alternate Text: Figura 2 Áreas temáticas de estudio de los atributos ecológico.
  —elaboración propia..

Atributos estéticos

Para los atributos estéticos el objetivo es el mejoramiento de la identidad y estructura formal de un espacio de acuerdo con las necesidades y preferencias de la población, caracterizadas por las apreciaciones subjetivas del entorno ( Lynch, 1992 ; Santos, 2000 ), y apunta directamente a entender el paisaje como una creación propia de la experiencia humana ( Khzam, 2008 ) a través de una experiencia sensorial (percepción) que genera un efecto de placer o un sentimiento de aprecio (utilidad) ( Briceño et al. , 2012 ), que no solamente está ligado a los recursos tangibles o a los bienes materiales, sino a los deseos, las percepciones y los imaginarios que tiene una población acerca de su entorno ( Niño, 2006 , p. 33), adquiriendo un valor para la vida cotidiana de las poblaciones, convirtiéndose en un lugar personalizado, único y posiblemente irrepetible (Arias, 2001 ).

La estética es la rama de la filosofía relacionada con la percepción de la belleza y la fealdad, esta se ocupa también de comprender si estas cualidades están de manera objetiva presentes en las cosas, a las que pueden calificar, o si existen solo en la mente del individuo; por tanto, su finalidad es mostrar si los objetos son percibidos de un modo particular o si los objetos tienen, en sí mismos, cualidades específicas o estéticas diferenciándolas entre lo bello, lo agradable o lo feo ( Acuña, 2005, p. 19).

En este sentido, la estética del paisaje pretende realizar un rastreo de los factores que modelan la identidad urbana, con el fin de generar una base conceptual que permita vincular las valoraciones estéticas con la identidad de la ciudad y las manifestaciones visuales en ellas encontradas, no solo a través de los valores compositivos, sino a partir de cómo el hombre vive en el paisaje de su ciudad, ya que sus sentimientos, aceptación o rechazo de situaciones o percepciones, influyen en sus respuestas y su comportamiento frente al paisaje (Jacobs, 1973, citado por Arias, 2001 , p. 180).

Entonces, el paisaje en este atributo corresponde a la imagen sensorial captada por un observador, por medio de una apreciación subjetiva ligada a la identidad y cultura del espectador ( Escribano et al. , 1989 , p. 46), que guarda una estrecha relación con los valores, las actitudes y las preferencias de una población frente a un espacio (Sánchez, 2003). Debido a que los criterios de los campesinos no son los mismos que los de un urbanista, sus paisajes ideales son distintos, porque las directrices rurales son de tipo adaptativo ( Santos, 2003, p. 46) y son resultado de un ajuste ecológico-cultural, donde la relación del hombre con el medio es más profunda ( Pérez, 2000 ; Muñoz, 2004 ; Masmela, 2010 ).

En este sentido, el paisaje como percepción tiene su centro de interés y de valoración en componentes de distinta naturaleza según se refiera a ámbitos naturales o a otros formalmente elaborados por la acción del hombre, por su belleza y armonía, e incluso por su dramatismo y conflictividad.

Es por eso que a través de la percepción se pueden construir múltiples lecturas de la ciudad, darles significados diferentes y catalogarlos como espacios de referencia, como zonas peligrosas ( Niño, 2006 , p. 131), analizando este atributo con la interacción: paisaje-sujeto.

Esta relación paisaje-sujeto busca estudiar los elementos urbanos importantes de las intervenciones humanas por medio de la valoración hecha por la persona que percibe el paisaje ( Boira, 1987 ; Caquimbo, 2010 ; Ojeda, 2011 ). El estudio se centra en la forma de percibir un espacio urbano y catalogarlo de bello, al tiempo que se identifiquen las estructuras significativas que hacen que un lugar adquiera pertenencia y utilidad ( Briceño et al ., 2012 ).

Para Lynch , el paisaje es algo que no solo ha de verse, sino, más aún, debe recordarse. Ya que todo hombre establece vínculos y recuerdos con el paisaje que son determinantes para su equilibrio vital y emocional, ya sean individuales o colectivos; es por eso que el análisis se enfoca en dos indicadores: el primero será el grado de belleza , que indica el grado de aceptación y agrado de elementos o conjuntos que, sin ser necesarios, contribuyen a la tranquilidad y al sentido estético del paisaje urbano ( Briceño et al., 2012 ; Liernur, 2004 ; Morgan, 2006, p. 42); pueden ser elementos construidos o naturales, que son gratificantes para la población por el simple hecho de observar, catalogando la belleza no como una cualidad de un objeto independiente, sino por el contrario, como un valor que el observador adjudica a un objeto o espacio ( Segovia y Oviedo, 2000 ; Meda, 2011 , p. 2) y se identifica a través de un indicador y seis variables ( tabla 1) que determinen los elementos claves de referencia visual, tanto naturales como urbanos en los asentamientos por estudiar.

Por otro lado está el grado de utilidad, que indica los objetos o espacios que satisfacen necesidades específicas, por lo cual las personas los aprecian y valoran positivamente ( Briceño et al. , 2012 , p. 42); pueden ser lugares de distracción, recreación, juego o de interacción social (Sánchez, 2003; Martignoni, 2009 ) y se identifican a través de variables que reconozcan los elementos o espacios de contacto e interacción natural o urbana que tiene la población con su entorno ( Caquimbo, 2010 ) analizado por medio de dos indicadores y ocho variables ( tabla 1 ).

En la figura 3 se muestran los principales aspectos por analizar en el atributo estético, teniendo como punto de partida la relación paisaje-sujeto.


[Figure ID: gf4] Figura 3.
Áreas temáticas de estudio del atributo estético

Alternate Text: Figura 3 Áreas temáticas de estudio del atributo estético.
  —elaboración propia.

Atributos culturales

Para la valoración del componente cultural se debe tener en cuenta que este tiene como objetivo constituir un modelo urbano que establezca la relación de los ecosistemas con los componentes físicos de cada cultura urbana.

Este componente es catalogado como el resultado de la acción de un grupo social a través del dinamismo cultural de varias generaciones sobre un paisaje natural ( Aponte, 2003 ; Sabaté, 2004 , p. 42; Santos, 2003 , p. 44; Garre, 2001 ), es decir, es el registro humano sobre el territorio ( Gómez, 2010 ) que se caracteriza por la singularidad de sus emplazamientos, la forma de sus entramados y la personalidad de sus construcciones; en definitiva, por la suma de elementos patrimoniales que reflejan sociedades y modos de producción que se han mantenido a lo largo de los años (Santacana y Serrat, 2009, citados por Zárate, 2010 , p. 189), permitiendo la lectura del pasado, así como el reconocimiento y funcionamiento de sus formas de vida, creencias, representaciones, conocimientos, hábitos y prácticas, que los habitantes han construido a lo largo de la historia, confiriéndoles un valor especial frente a otros paisajes y justificando los esfuerzos de la sociedad para construirlos y, en buena medida, recuperarlos ( Zarate, 2010 ), cargados de un alto potencial de significados y simbolismos que terminan siendo la materialización de la interacción subjetiva entre cultura, naturaleza y sociedad ( Rojas, 2007 ).

La cultura fue el objetivo esencial de los enfoques regionales y, sobre todo, de un amplio movimiento conocido con el nombre alemán de landschaft, que identificaba cuatro fuerzas modeladoras del paisaje cultural: espacio, hombre, cultura e historia, centrando el origen en el orden y la evolución de las formas esenciales del paisaje cultural ( Santos, 2003 ).

En este sentido, la cultura conecta de distintas maneras lo económico, lo ambiental y lo social, mediante el comportamiento humano, sus necesidades y preferencias; debido a esto, el paisaje cultural hace referencia a la forma de vida más o menos organizada que caracteriza a una cultura como respuesta a una manera de subsistir y progresar de algunos asentamientos.

Atendiendo a estas consideraciones se encuentran dos maneras de analizar el paisaje cultural, una es por medio de la elaboración de los mapas culturales, los cuales buscan codificar y localizar sobre un plano cartográfico la distribución espacial de la vida cotidiana de estas poblaciones a través de códigos, símbolos e imaginarios, explicando el significado y determinando la prioridad que para los grupos y sectores sociales tiene cada uno de los elementos identificados ( Chaparro, 2004 , p. 18).

La otra es a través de la perspectiva del espacio vivido ( Viqueira, 1994 ; Lerma, 2013 ), el cual se centra en la relación directa entre las personas y su espacio próximo, dándole prioridad a la manera como la gente reconoce y significa el espacio, ya que este representa sus intereses y deseos, estudiando cómo se sienten, nombran y apropian del lugar, en el transcurso de su vida cotidiana.

Entonces, al entender que las formas del paisaje cultural son en buena medida respuesta a las necesidades de la población, estas se analizan por medio de la relación paisaje-cultura que busca estudiar la forma urbana como resultado de fuerzas sociales que han transformado el territorio a lo largo del tiempo.

Esta relación paisaje-cultura busca el reconocimiento morfológico de un lugar como un rasgo cultural ( Aponte, 2003 ; Ojeda, 2011 ), abarcando el tema de la distribución del territorio a partir de las tradiciones y los modos de vida de la población ( Berque, 2006 ; Gómez, 2010 ), asignándole mayor valor a ciertos espacios que por generaciones han sido importantes para el desarrollo de una comunidad, con la idea de preservarlos a la hora de hacer una nueva intervención ( Garre, 2001 ).

Este atributo se evalúa por medio del componente denominado Tipología de espacios de interés cultural ( Garre, 2001 ), el cual contribuirá a identificar los lugares simbólicos exteriores de las comunidades por medio de la identificación de los espacios públicos más importantes en el desarrollo de la vida cotidiana de los pobladores ( Perahia, 2007 ), y de cómo la importancia que tienen estos ayuda a definir la morfología de su ocupación; todo esto, centrándose en el valor simbólico que las personas otorgan al lugar que habitan y al significado que tiene para ellos en el mapa mental que usan para desenvolverse en el espacio donde desarrollan su vida diaria ( Álvarez, 2011 ).

Este enfoque es representado por un indicador y siete variables ( tabla 1 ) que determinan los lugares más importantes y representativos del asentamiento por analizar, los cuales servirán de herramienta para la planificación y el ordenamiento del territorio, así como para la creación, construcción, mejoramiento y conservación de la ciudad, entendida como un conjunto articulado de paisajes culturales que refleja en su arquitectura, en sus actividades, en su ambiente natural y en su espacio público, la manera como las personas se han apropiado del territorio ( Rojas, 2007 , p. 4).

En la figura 4 se resumen los principales componentes por analizar en el atributo cultural, partiendo de la relación paisaje-cultura, que ayudarían a definir los lugares, las construcciones y los objetos que reflejan los sentimientos colectivos y motivan los niveles de sensibilidad y solidaridad social en la comunidad ( Salas, 2005 ).


[Figure ID: gf5] Figura 4.
Áreas temáticas de estudio del atributo cultural

Alternate Text: Figura 4 Áreas temáticas de estudio del atributo cultural.
  —elaboración propia.

El paisaje es determinante en la construcción de las culturas y es un importante instrumento de interpretación del territorio; con esa finalidad se han establecido las relaciones de los atributos desde áreas comunes para la ciudad, por medio de los indicadores que nos permitirán llegar a la interpretación de cuáles son las características de ocupación del territorio, a partir del modo de vida de las poblaciones, respondiéndonos a las preguntas: ¿cómo está conformado?, ¿en qué condiciones está?, ¿por qué es así?, con el fin de generar propuestas y estrategias que refuercen las deficiencias urbanas del espacio público en asentamientos informales, y que contribuyan al mejoramiento de la calidad de vida de las poblaciones más vulnerables ( figura 5 ).

En la tabla 1 se muestra el listado inicial de los atributos e indicadores que ayudarán a evaluar la calidad visual del paisaje urbano, caracterizando los indicadores en tres atributos, seis componentes y dieciséis indicadores que serán los encargados de ayudar con la interpretación de los problemas espaciales del territorio, a nivel de paisaje.

Esta tabla muestra la información necesaria para la valoración diagnóstica de las áreas que se van a estudiar. El esquema triangular de los tipos de análisis del paisaje que se muestra en la figura 5 es el que define los grupos en los que se unen los tres atributos para evaluar la calidad del paisaje, como herramienta que determina el estado del espacio público por cada componente, con el fin de definir las principales falencias de dicho asentamiento.

En esta etapa de elaboración conceptual de los indicadores es necesario involucrar la participación de grupos comunitarios, académicos y al Gobierno, para generar una visión real y acertada de las formas de ocupación y utilización del territorio por parte de las comunidades más vulnerables de las principales ciudades, con el propósito de encontrar estrategias que consientan la correcta y efectiva implementación de los lineamientos, que permitan mejorar las condiciones de calidad de vida y de habitabilidad, a partir de conocer los principales conflictos, proponiendo para cada problema una solución puntual y realizable.


[Figure ID: gf8] Figura 5.
Clasificación de los indicadores en grupos temáticos

Alternate Text: Figura 5 Clasificación de los indicadores en grupos temáticos.
  —elaboración propia a partir del análisis de otros estudios..


[Figure ID: gf7] Tabla 1.
Listado de atributos, indicadores y variables para la evaluación de la calidad visual del paisaje

Alternate Text: Tabla 1 Listado de atributos, indicadores y variables para la evaluación de la calidad visual del paisaje.
  —elaboración propia, a partir de otros estudios.

Discusión

Este documento busca dar continuidad a la discusión sobre el estudio del paisaje como elemento del mejoramiento del confort ambiental urbano, considerándolo como recurso ambiental, territorial y cultural, discusión generada a partir de las teorías y reflexiones de diferentes autores ( Campo, 2003 ; Moreno, 2007 ; Amaya, 2005 ; Portal y Bonnet, 2011 ; Briceño et al. , 2012 ; Fry et al., 2009 ; Sabate, 2004 ; Aponte, 2003 ; Navarro, 2003 , Gómez, 2010 ; Masmela, 2010 ).

Como respuesta a estos análisis, al hablar de lugares, espacios o paisajes, según el autor o la disciplina de análisis, queda en evidencia que no se puede mirar al paisaje solo como un fragmento de territorio, sino que se debe apreciar la interrelación que hay entre las acciones sociales y culturales de una población, poniendo fin a aquellas concepciones que miraban el paisaje como un inventario de elementos, donde la relación con el sujeto y su cultura viene a ser fundamental, y esta cultura en la que se desarrolla ese sujeto y su nivel de civilización van a determinar las características del paisaje ( Navarro, 2003, p. 13).

En este sentido, el estudio del paisaje contribuiría a identificar, clasificar, valorar, mejorar y conservar los paisajes heredados, como herramienta de mejoramiento ambiental urbano, los cuales en muchos casos se destruyen o degradan debido a la falta de normativas que regulen el diseño, tanto arquitectónico como urbano, en función de la conservación del paisaje.

Debido a esto, el sistema de indicadores propuestos contribuirá a la sustentabilidad de la zona, mejorando las falencias encontradas en cada componente, preservando el significado que tiene cada lugar para la población, dando pautas acerca de cómo debería ser el diseño urbano, de manera que responda a los tres niveles de intervención mencionados a lo largo del texto, que serán determinantes a la hora de encaminar las propuestas de mejoramiento, lo que brindará una forma real de validar el sistema propuesto y de mejorar la calidad de vida de la población.

Conclusiones

Este texto permite identificar unos principios de análisis a través de la revisión del estado del arte referente a estudios de paisaje, por medio de los cuales se han establecido los atributos y componentes que ayudarán a evaluar la situación del paisaje urbano. Sus diferentes definiciones y análisis dejan en evidencia la relevancia que se le da a la significación del territorio y al simbolismo que tiene determinada porción de terreno que está cargado por nuestras relaciones sociales; recalca también que no se puede estudiar el paisaje como un área geográfica, sino, por el contrario, se debe asignar valor a aquellos espacios o lugares dentro de la ciudad que reúnen la mayor cantidad de simbolismos para los habitantes.

En este sentido, la propuesta de indicadores a partir de variables que evalúan la calidad del paisaje en asentamientos informales muestra la información necesaria para la valoración diagnóstica del área por estudiar, con el fin de determinar el estado de cada componente, para poder establecer en detalle cuáles son las principales carencias y falencias encontradas en estos asentamientos, permitiendo detectar los puntos estratégicos en los cuales se puede proyectar una propuesta de mejoramiento mediante un diseño urbano que incorpore los aspectos estudiados.

De este modo, los atributos aquí conceptualizados ayudan a identificar cuáles son los elementos implicados en el mejoramiento de la calidad del paisaje de un asentamiento informal a partir del desarrollo de estos indicadores, buscando proponer una intervención urbana sustentada en el diseño urbano del espacio público, sujeta al mejoramiento y la intervención del entorno construido de acuerdo con las necesidades y tradiciones de las comunidades.

Este sistema de evaluación de la calidad del paisaje es un aporte en la formulación de estrategias para el acondicionamiento del hábitat urbano informal en nuestro país, ya que muestra un sistema de evaluación y valoración de una zona determinada, en donde se puedan enfocar nuevas acciones urbanísticas para cualquier asentamiento de origen informal, por medio de normas que regulen el diseño urbano en función del paisaje, a fin de evitar la aparición de usos que alteren las dinámicas espaciales o que perturben las visuales en el entorno. Es fundamental tener en cuenta los aspectos culturales y las relaciones que existen en el espacio construido, ya que los indicadores formulados parten de la necesidad de buscar los valores asociados del paisaje para determinada población, encontrando un adecuado equilibrio entre los atributos estudiados, a fin de lograr una buena planificación territorial o, como en el caso de esta investigación, de un apropiado diseño urbano.

En concordancia con lo anterior, y para garantizar la diversidad de las manifestaciones culturales de las comunidades en una construcción colectiva de ciudad, es importante definir un modelo a partir de los diferentes imaginarios culturales que habitan, de tal forma que las manifestaciones morfológicas —ya sea de espacios urbanos o de las edificaciones que los conforman— sean a su vez contenedoras de expresiones culturales que reflejen las necesidades y preferencias de las comunidades, para conformar barrios menos vulnerables que muestren una vía de cómo puede resolverse un problema de informalidad en un sector marginado de cualquier ciudad del país.


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