«LE PODÍA PASAR A CUALQUIERA»:
GUERRA TOTAL, FASCISMO, NARRACIÓN Y RESISTENCIA EN OSCURAMENTE FUERTE ES LA VIDADE ANTONIO DAL MASETTO

IT COULD HAPPEN TO ANYONE:
TOTAL WAR, FASCISM, NARRATION, AND RESISTANCE IN OSCURAMENTE FUERTE ES LA VIDA, BY ANTONIO DAL MASETTO


DOSSIER


Alfonsina Lopez1

1. Universidad Nacional de Córdoba
0000-0003-0351-3242
alfonsina.lopez@mi.unc.edu.ar

Alfonsina Lopez es licenciada en Letras Modernas y técnica en Corrección Instrumental por la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFYH), Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente cursa el doctorado en Letras Modernas en la misma institución y se desempeña como docente adscripta de las cátedras de Literatura Argentina III y Literatura Italiana de la FFYH. Desde 2022 pertenece al grupo de investigación "Núcleo de Estudios Contemporáneos en Literaturas Migrantes" (NECLIM) coordinado por la Dra. Silvia Cattoni (UNC) y la Dra. Emilia Perassi (Universidad de Turín, Italia). Es fundadora de Nota al margen, revista de literatura de la Escuela de Letras, y forma parte del comité organizador de las futuras Jornadas de Literatura y Especulación y las 3ras Jornadas de Investigaciones Emergentes.


Fecha de recepción: 31 de marzo de 2025
Fecha de aceptación: 04 de junio de 2025.


Referencia: Lopez, A. (2025). Le podía pasar a cualquiera»: guerra total, fascismo, narración y resistencia en Oscuramente fuerte es la vida de Antonio Dal Masetto. Cultura Latinoamericana, 41(1), 82-98. http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2025.41.1.5



Resumen

A principios del siglo XX, el continente europeo se vio atravesado por una serie de conflictos tanto internos como externos —guerras mundiales, genocidios y desplazamientos de masas, revoluciones y contrarrevoluciones— que, en su conjunto, afectaron a la población civil sin importar su lugar de origen. El surgimiento del militarismo, de una fuerte polarización y radicalización política y de la "guerra total" —entendida como movilización absoluta de todos los miembros de la población por un fin bélico— cambiaría profundamente las conceptualizaciones sociales en Europa desde 1914 en adelante, y serían fundamentales para la instauración de paradigmas ideológicos de enaltecimiento de la guerra como causa nacional (entre ellos el del fascismo italiano, que definió la guerra como forma de "higiene" de la sociedad italiana y método para deshacerse de los organismos establecidos por el régimen como "perjudiciales" o "débiles"). En este artículo analizaremos cómo la guerra total, la polarización ideológica y la percepción fascista de la guerra entran en juego en Oscuramente fuerte es la vida, novela del escritor ítalo-argentino Antonio Dal Masetto, y cómo la narración de la protagonista plantea un contradiscurso a ambos idearios que —como voz civil antifascista y antibélica— no se construye desde lo ofensivo, sino desde el resguardo en lo doméstico y la posibilidad de narrar sin dicotomías.

Palabras clave: Antonio Dal Masetto, guerra total, fascismo, polarización, entreguerras.


Abstract

At the beginning of the twentieth century, the European continent was shaken by a series of both internal and external conflicts—world wars, genocides and mass displacements, revolutions and counterrevolutions—that collectively affected the civilian population regardless of their place of origin. The rise of militarism, of intense political polarization and radicalization, and of "total war"—understood as the absolute mobilization of all members of the population for a war end—would profoundly reshape Europe's social conceptualizations from 1914 onwards, and would prove fundamental for the establishment of ideological paradigms that glorified war as a national cause (among them Italian fascism, which defined war as a form of "hygiene" for Italian society and a method to eliminate the institutions described by the regime as 'harmful' or "weak"). This article analyzes how total war, ideological polarization, and the fascist perception of war come into play in Oscuramente fuerte es la vida, a novel by Italian-Argentine writer Antonio Dal Masetto, and how the protagonist's narration sets forth a counter-discourse to both ideologies—one that, as a civilian antifascist and antiwar voice, is not constructed from the offensive, but rather from the shelter of the domestic sphere and the possibility of narrating without dichotomies.

Keywords: Antonio Dal Masetto, total war, fascism, polarization, interwar period.



Introducción

En las primeras décadas del siglo XX, Europa se vio sumida en una serie de violentos conflictos que cobrarían millones de vidas de soldados y civiles. La Primera (1914-1918) y Segunda Guerra Mundial (1938-1945), sumadas a una sucesión de guerras civiles, revoluciones y genocidios, dieron lugar a un panorama donde la muerte y la destrucción material y humana se extendieron masivamente por fuera de los campos de batalla. Como explica Campillo Meseguer (2014), la Primera Guerra Mundial vino a romper con un factor tan importante como la separación entre el frente y el espacio cívico: en su lugar, se dio el surgimiento de un nuevo concepto de "guerra total" que «ya no distinguía entre objetivos civiles y militares [para llegar a una] destrucción sin precedentes, gracias al desarrollo combinado de la moderna maquinaria estatal, industrial y tecno-científica» (Campillo Meseguer, 2014, p. 562). Esta combinación de técnica y movilización total de la sociedad daría lugar a «lo que George Mosse ha denominado la 'brutalización' de todas las relaciones sociales (entre naciones, entre clases sociales, entre ideologías políticas, etc.)» (Campillo Meseguer, 2014, p. 563). Los vínculos intracomunitarios comenzaron a ser vistos como una expresión más de los frentes, y las guerras civiles condujeron a las naciones europeas a un estado de permanente conflictividad de bajo nivel que «durante más de treinta años desgarr[ó] a todo el continente en una serie encadenada de guerras, revoluciones, deportaciones y genocidios» (Campillo Meseguer, 2014, p. 563).

A estos factores debe sumarse la emergencia de regímenes totalitarios, como el nazismo alemán y el fascismo italiano, que conformarían un eslabón más de esta cadena de brutalización. En su punto más álgido, estos movimientos ideológico-políticos brindaron soporte ideológico y material a la ejecución de actos de genocidio, invasión territorial y ejecuciones masivas, entre otros hechos que sacudieron a las sociedades de sus respectivos países tanto antes como después de la guerra; aspectos que aparecen representados en las novelas del escritor Antonio Dal Masetto (1938-2015). La extensa obra de este autor —nacido en Italia, emigrado a Argentina a la edad de diez años y posteriormente nacionalizado argentino— está atravesada por las dificultades experimentadas por los italianos en la guerra y posguerra, por la marca permanente del desplazamiento y del exilio y por la configuración identitaria del autor, que surge desde fuera y en contacto con su nación de origen. En la novela Oscuramente fuerte es la vida (1990) (parte de una trilogía completada por La tierra incomparable, de 1994, y Cita en el lago Maggiore, de 2011), Dal Masetto recorre la historia de Agata, una anciana nacida en Italia y emigrada a Argentina, que experimentó desde una edad muy temprana las brutalidades de la guerra y del fascismo. En este artículo analizaremos cómo Dal Masetto plantea la guerra en la voz de la protagonista y cómo la novela se aproxima, desde esta mirada, a los disruptivos enfrentamientos bélicos del siglo XX y sus efectos sobre la población civil.

Guerra, fascio, fratelli: conceptualizaciones de la guerra e instrumentalización humana en el ideario fascista

Antes de comenzar con el análisis literario propiamente dicho es necesario indagar en la conceptualización fascista de la guerra, en tanto punto doctrinario central y núcleo estructurante del discurso totalitario. Para los teóricos del fascismo, la práctica bélica se vuelve un factor fundamental para la "higiene" de las naciones y para mantener al cuerpo social desprovisto de cualquier rasgo de debilidad, sea esta política, social o espiritual. En palabras de Stecher (2015):

Fascism does not believe in the possibility or utility of perpetual peace, for only by war, say the fascists, can all human energies be raised to the maximum and a seal of nobility be set upon peoples which have virtues to undertake it. The fascist accepts and loves life as a duty and a conquest [...] It desires that it shall rest on a wide popular foundation, a will to power and empire. To realize such an ambition is to require discipline, coordination, and sacrifice on the part of its people. (p. 173)

Entonces, la conceptualización fascista de la nación y del Estado se construye sobre la disciplina, obediencia y sacrificio de la población civil, lo que implica necesariamente que determinados grupos queden atrás y se "sacrifiquen" directa o indirectamente por el bien universal (dado que la existencia de la nación italiana implica la eliminación de las impurezas). En este contexto, la guerra se vuelve una forma de construcción de la nación fascista, un método educativo y un instrumento para reafirmar la fuerza nacional: «Instead of being viewed as an abnormality or a tragic necessity, war for the fascists became life's great test, the supreme manifestation of virtue and virility [...] [and] the education necessary for the young» (Koon, 1985, p. 21-22). La existencia de esta «mística» o espiritualización de la violencia (Koon, 1985), sumada a la persecución y exterminio de opositores políticos y de otros grupos considerados "no aptos", dejaron una profunda huella en la sociedad italiana y en su posición ante la guerra, sobre todo en aquellas generaciones educadas bajo el modelo fascista.

En este sentido, las dinámicas del fascismo deben ser comprendidas como parte de una fuerte polarización social que se convertiría en característica prominente del Zeitgeist en Europa. Como indica Alonso (2012), tras 1918 el escenario europeo se reorganizó a partir de «una intensa movilización política y propagandística en la que la schimittiana [sic] dialéctica entre amigo y enemigo pareció ocupar el núcleo del imaginario político colectivo» (p. 43). Ante la corrosión de las estructuras que habían organizado a los Estados europeos durante el siglo XIX —principalmente el capitalismo liberal y la administración de sectores oligárquicos—, se dio el nacimiento de un concepto de «Política absoluta» donde «cualquier toma de partido tanto en la esfera privada como pública se convierte [... ] [en] decisión política vinculante, que remite a los bienes intangibles y a los intereses

innegociables que dotan de sentido a los sujetos y a las comunidades» que se enfrentan (Alonso, 2012, p. 43). En otras palabras, la destrucción de las instituciones sociales tradicionales orientó la necesidad de marcar estrictamente los límites de las identidades colectivas, con una rígida división entre "ellos" y "nosotros" o lo "propio" y lo "otro"; oposiciones bipolares donde «la ganancia de unos implica directamente la pérdida para otros [...] el consenso se hace imposible y el acuerdo deviene quimera» (Alonso, 2012, p. 43) y cualquier disidencia se convierte en irreconciliable.

De este modo la polarización puede ser comprendida como un proceso de radicalización progresiva que no se limitó exclusivamente a lo doctrinario, sino que también alcanzaba «las actitudes, las ideas y los métodos de acción de los partidos, de los grupos sociales y de los gobiernos europeos» (Alonso, 2012, p. 44) en todas las esferas de la vida cotidiana. El acrecentamiento del partidismo sumado al cenit de organización de la clase obrera, la consecuente respuesta de sectores reaccionarios y el descalabro económico exaltaron la deriva ideológica hacia el revanchismo de sectores diversos del espectro político2. Así, «la dimensión identitaria de la política traspasó los límites de lo colectivo para asentarse en el corazón mismo de la subjetividad individual» (Alonso, 2012, p. 45). Etiquetas como "fascista" o "comunista" se volvieron una forma de racionalizar el mundo, asignar sitios de pertenencia, brindar certidumbre y un sentido trascendente para naciones arrasadas por la guerra y la caída en descrédito de los sistemas establecidos de organización social (Alonso, 2012, p. 46). El caso de Italia se configuró, en este contexto, como un ejemplo paradigmático en el cual la debacle de la participación italiana en la Gran Guerra alimentó las filas del ultranacionalismo y se convirtió —entre otros factores— en un catalizador para el ascenso totalitario.

A continuación, pasaremos a analizar cómo estos elementos son explorados en la novela de Dal Masetto. En nuestro análisis haremos una lectura principalmente simbólica, enfocada en investigar cómo el autor representa la idea fascista de la guerra y la radicalización política del momento y cómo la pone en juego para construir, en su lugar, una memoria de la primera parte del siglo que es a la vez antibélica y antiautoritaria.

El patio de juegos como campo de batalla: infancia, narración, guerra total y fascismo en Oscuramente fuerte es la vida

Oscuramente fuerte es la vida puede definirse a grandes rasgos como una novela de aprendizaje: en sus páginas, se narra la infancia y juventud de Agata -una mujer italiana que, al momento de relatar su historia en primera persona, es una anciana residente de Argentina-. A lo largo de la novela, acompañamos a Agata desde el momento de su nacimiento hasta que emigra con su esposo e hijos en la posteridad inmediata de la Segunda Guerra Mundial. El enfoque de una parte considerable del relato en la infancia, la adolescencia y la primera juventud de la narradora nos permite analizar los efectos que tuvieron los hechos históricos mencionados en la configuración identitaria de la protagonista, en su individuación como sujeto y en la trayectoria vital que construye a lo largo de la novela.

Para empezar, debemos enfocarnos en el acto fundacional de la obra: el nacimiento de Agata en el pueblo ficticio de Trani (ubicado en una provincia sin nombre del noroeste de Italia, cerca de Suiza y Francia). El año de su nacimiento, 1911, es mencionado en la primera página de la novela; esta datación inmediata sitúa a la historia y a su protagonista en un período crucial para el continente europeo: apenas tres años después estallaría la Gran Guerra. Para Agata, entonces, no existe la belle époque; desde su primera infancia ha vivido en un universo posguerra total y post "política total", con todas las implicaciones civiles que esto acarrea. Justamente, uno de los primeros recuerdos que tiene la protagonista es la separación de su familia, el desplazamiento a un orfanato para escapar de las tropas y la movilización forzada de su padre a una fábrica armamentística. Entonces, la construcción identitaria de Agata aparece marcada desde muy temprana edad por la violencia que imponen los conflictos bélicos, al desarraigar a los ciudadanos de sus lugares de origen y convertirlos en meras maquinarias útiles para las acciones del Estado en guerra.

El aspecto de la polarización política es fundamental, a su vez, en el temprano relato de la narradora. El radicalismo de la época (con su consecuente división interna y rótulos identitarios estrictos) se inserta, por ejemplo, en la primera mención de su padre: «jamás lo vi reír. En una oportunidad me pareció oírlo llorar a través de una puerta. Fue después de la paliza que le dieron tres fascistas» (Dal Masetto, 1997, p. 13). La brutalización, la violencia y el extremismo político se encadenan desde las primeras páginas y constituyen una parte estructurante del monólogo de la protagonista: el espíritu de la época de entreguerras se integra en la perspectiva de Agata, de sus familiares y del pueblo que, lejos de mostrar un escenario aislado, aparece atravesado por acontecimientos políticos que exceden a sus pobladores y que determinan, incluso, la cosmovisión de los integrantes más jóvenes.

La sola mención de los habitantes fascistas de Trani y su enfrenta-miento con el padre de Agata (autodenominado socialista y católico3) revela un aspecto fundamental de la perspectiva que plantea Dal Masetto: narrar la división política como un elemento interno a la sociedad de Trani. Es decir, el fascismo en la historia se presenta como un factor presente en el interior de la comunidad y no como una fuerza externa y distante. Los pobladores, en otras palabras, no responden de forma homogénea ante el surgimiento del totalitarismo; en la historia se hacen presentes ciudadanos que apoyan al fascismo de forma militante o pasiva, así como socialistas, comunistas y otras afinidades políticas por partes iguales. Las tempranas narraciones de violencia y enfrentamientos entre tendencias políticas actúan como muestra de una sociedad fracturada y fragmentada por la "política total" que se cuela en todas las instituciones sociales.

Este aspecto sitúa a la narración de Dal Masetto desde el punto de vista opuesto a un lugar común de la historiografía y literaturización del período fascista —sobre todo durante las primeras décadas de la Italia republicana de posguerra—, que tendía a «presentar la dictadura fascista como el surgimiento de una minoría violenta e impuesta desde lo alto, ajena a la sociedad y a la gran mayoría del pueblo italiano» (Natoli, 2005, p. 153-154). Esta mirada concebía al fascismo como una "enfermedad moral", un "paréntesis" en la historia italiana (en palabras del pensador Benedetto Croce) y una «expresión de los grupos dominantes del capitalismo italiano» (Natoli, 2005, p. 154), las clases medias y las elites tradicionales; es decir, un movimiento minoritario y verticalista, en oposición a una clase trabajadora a merced de estos avances e identificada uniformemente con el antifascismo. Dicha perspectiva, que impidió ver el nivel de involucramiento de la sociedad italiana en el ascenso fascista, no se hace presente en la novela de Di Benedetto: por el contrario, Oscuramente fuerte es la vida escapa de este binarismo y expone, en su lugar, el impacto de la polarización ideológico-política en la vida de ciudadanos, que la viven a diario «más allá de la antítesis entre consenso y oposición» (Natoli, 2005, p. 161) y de las perspectivas rígidas y homogeneizantes.

De este modo, la fractura interna de Trani lleva a un enfrentamiento de baja intensidad con estallidos repentinos —representados mediante la figura de Spozio, un fascista que se enfrenta repetidas veces con el padre de Agata y otros socialistas—, lo que permite desnaturalizar una vez más la imagen del fascismo como una fuerza repentina y ajena a la vida de los sujetos obreros: en su lugar, el fascismo convive en el pueblo, camina las mismas calles, es parte de la sociedad. No se trata de extraños ante un frente unificado de resistencia, sino individuos del día a día que encarnan, con su presencia, la profunda ruptura y división política que reina en Italia.

El resultado de esta deriva radical, sumada a la brutalización de las relaciones sociales, se expresa en la narración del final de Spozio tras ser capturado por opositores exiliados:

[A Spozio] Hacía tiempo que no se lo veía en el pueblo [...] Algunos comentaban que el mismo partido le aconsejó que se alejara una temporada porque se le había ido la mano en las agresiones contra los oponentes durante ciertos saqueos y destrucciones de granjas, casas, oficinas e imprentas. Otros opinaban que el propósito del viaje era infiltrarse en los exiliados antifascistas [...] Lo que parecía cierto era que se topó con un grupo de italianos, de aquellos que se habían obligados a cruzar la frontera, y que lo reconocieron [... ] fue llevado a una casa donde había una mesa preparada [...] destapó su plato [y] se encontró con que estaba lleno de mierda. Le dijeron:

—¿Te acordás cuando nos obligabas a beber aceite de ricino? Ahora llegó tu turno [... ]

[Cuando] regresó a Trani [estaba] en muy mal estado físico, se metió en cama y ya no se levantó. Había quien aseguraba que la enfermedad era consecuencia de aquella cena. Lo real es que a los pocos meses murió. Fue un entierro importante, con banderas y banda militar. Augusto Spozio se llamaba. (Dal Masetto, AÑO, p. 121-122)

En la reafirmación de este nombre se ratifica su presencia, una marca de identidad para el fascismo en Trani, un destino compatible con la coyuntura de creciente violencia. Como veremos a continuación, estos factores se entrelazan con el contexto macro de la guerra para generar un impacto en la voz narradora, que se desmarca de estas tendencias y plantea, a lo largo de la narración, una perspectiva humanitaria y sensible.

El mundo desde un cristal fragmentado: narraciones divergentes en la guerra civil italiana

Podríamos indicar que la forma de interpretar, conocer y caracterizar el mundo para Agata está marcada, desde muy temprano en la narración, por la guerra y la fractura política: la percepción del mundo como un espacio fragmentado y hostil es un factor actuante y determinante en su trayectoria de vida, en su accionar y su relato. La narradora está afectada, casi desde su nacimiento, por la concepción del conflicto armado como algo que «no es más un asunto de héroes ni la órbita exclusiva de militares [...] [que] obliga a movilizar todos los recursos disponibles y destruir todas las dotaciones de los enemigos» (Toche, 2010, p. 78). Podemos ilustrar este concepto, por ejemplo, con una de las primeras situaciones de exilio que vive la narradora: es a través de su desplazamiento forzado durante la primera infancia que Agata entra en contacto con diversos artefactos tecnológicos, a los que no tendría acceso en la vida campestre de Trani: «Me llevaron a una villa donde había otros chicos [...] se llegaba por un largo camino donde a veces se desplazaba un auto. Creo que ése fue el primer auto que vi en mi vida» (Dal Masetto, 1997, p. 34). Sin embargo, cualquier avance tecnológico que puede mencionarse en el contexto de la Primera Guerra Mundial es contrarrestado por el efecto que el conflicto tiene en la psiquis de la protagonista.

Como indicamos antes, en la perspectiva de la guerra total los niños son un elemento más del tablero de la nación en guerra, aunque -por su imposibilidad de ser reclutados- no pueden servir al conflicto de forma directa. En este contexto, la infancia funciona principalmente como un campo de batallas de ideas y recursos a futuro a través de la educación y la pedagogía. Por ejemplo, en el orfanato donde reside Agata «decían [...] que los soldados italianos estaban combatiendo valerosamente y que el enemigo retrocedía, nos enseñaban a querer al rey, nos contaban que la reina [...] misma atendía a los heridos» (Dal Masetto, 1997, p. 36). El contraste de esa imagen blanqueada es el dolor que reflejan tanto los niños como los adultos («De ese viaje en tren recuerdo el brazo de mi padre abandonado sobre mis hombros. Era un peso que me agobiaba, me aplastaba [...] [nos contaba] historias del frente, las trincheras, el barro, los muertos», Dal Masetto, 1997, p. 37), que, aunque regresen a sus pueblos y continúen con sus actividades diarias tras el fin de la guerra, portan en sus conciencias el efecto traumático de lo que han vivido. Como parte de una generación que ha sido movilizada casi desde el momento de su nacimiento, Agata no puede concebir al mundo sin la posibilidad de una destrucción repentina de su integridad física, familiar y material.

Una consecuencia de este aspecto es la aparición recurrente de la dispersión como imagen fantasmal. Cada tanto, aparecen en el relato de la protagonista sensaciones temerosas relacionadas con la fragmentación del organismo:

Fantaseaba que mi cuerpo -y otra cosa que no era solamente mi cuerpo-podía llegar a fragmentarse y dispersarse por el mundo. Manos, brazos, piernas, cabeza, tronco, cada parte por su lado, arrebatadas por el viento, llevadas a lugares distantes [...] mi gran tarea de aquellos días, mi preocupación, consistía en protegerme, en permanecer atenta para que las partes de mi cuerpo no se disociaran y huyesen, en mantenerlas unidas hasta que llegara el momento de despertar o de que pudiese volver a mi casa. (Dal Masetto, 1997, p. 58-59)

En otras palabras, estos temores hablan del miedo a esparcirse y perderse en la rotura violenta del ser, el desplazamiento permanente, la pérdida del yo y de la tierra natal, el descuartizamiento (literal o metafórico) que implica la guerra. Dichos motivos aparecen repetidamente en la historia relatada y se enfatizan a partir de la irrupción del fascismo, que hace aparecer la violencia física en el relato. La brutalización fascista de las relaciones humanas se hace visible en el espacio de Trani, así como la profunda división que trae la "política total": «trataban de llevarse a mi abuelo [...] Más tarde supe que pertenecían al partido fascista y se encargaban de que la gente fuera a votar. Se llevaban a todo el mundo: enfermos, lisiados, ciegos, dementes» (Dal Masetto, 1997, p. 68). La instrumentalización violenta de la vida se instala, modifica y penetra el tejido social («Los fascistas andaban por todas partes, tenían soplones que se metían acá y allá para averiguar qué decía la gente», Dal Masetto, 1997, p. 71) e impacta profundamente en la narradora («me dolía, como si se tratase de una culpa, no haber podido ayudarlo. Las imágenes de esa noche me persiguieron durante mucho tiempo», Dal Masetto, 1997, p. 71). Así como la Primera Guerra Mundial destruyó la perspectiva de una sociedad sin conflicto en la voz de la protagonista, la irrupción del fascismo se configura como una sombra amenazante sobre el hogar y de la fragmentada comunidad, que no se encuentra aislada de los procesos que suceden de puertas hacia afuera.

En esta línea, la conceptualización fascista de la guerra como herramienta de "limpieza" puede verse en la suerte que corre Carlo, hermano de Agata: por rehusarse a la afiliación al partido fascista se ve imposibilitado de conseguir trabajo. Por este motivo, Carlo termina desistiendo de su decisión y afiliándose, pero la respuesta a este acto es un inmediato castigo: «no le dieron un empleo. A la semana lo citaron, lo alistaron y lo mandaron a África, a Etiopía, a la guerra» (Dal Masetto, 1997, p. 137). La irrupción del conflicto con Etiopía se constituye como una oportunidad de enviar a la guerra a los opositores políticos y a aquellos que hayan manifestado resistencia al sistema totalitario (aun de modo pasivo): es decir, es un método para reconstruir la nación en la perspectiva fascista, hacer que aquellos jóvenes que no manifestaron una alineación absoluta al régimen desaparezcan o se anexen forzosamente a la maquinaria de guerra, ocupación y dominio que despliega el Estado totalitario. Por este motivo, Agata no puede ver el territorio etíope como una localización exótica: «Lo poco que aparecía no era muy diferente de lo que veía al mirar por la ventana de mi casa» (Dal Masetto, 1997, p. 137): los mecanismos del régimen fascista igualan a Italia y Etiopía, a Europa y África como dos lugares igualmente sometidos a la lógica de conquista, colonización y sumisión del otro4.

A estos elementos coloniales se suma también la profunda división de géneros que afecta a Agata y a las mujeres italianas bajo la órbita fascista:

Cuando salíamos del trabajo y recorríamos un trecho juntas [Angela] me señalaba frases de Mussolini escritas sobre los muros de las casas. Recuerdo algunas: 'En la historia nada se obtiene sin derramamiento de sangre', 'Quien tiene plomo tiene pan' [...] Había una de aquellas leyendas que me llamaba especialmente la atención. La enfrentábamos todos los días porque estaba escrita [...] frente a la fábrica: 'La guerra es al hombre como la maternidad a la mujer'. (Dal Masetto, 1997, p. 137-138)

A la exaltación de la guerra como motor de la historia y al ímpetu colonizador se agrega una reafirmación exacerbada de los roles de género tradicionales: a la mujer le corresponde su lugar de esposa y madre al servicio de las necesidades poblacionales del Estado totalitario; al hombre, su rol como soldado y nuevo hombre, dispuesto a matar y morir en el nombre de la renovación de la patria fascista. El sufrimiento se democratiza bajo el esquema totalitario: no es solo el hombre (como puede ser Carlo, movilizado por la fuerza al frente) el que sufre las consecuencias de estas acciones políticas, sino también la mujer, convertida en un engranaje más de una economía de guerra que instrumentaliza a toda la población.

Es en este momento en que el posicionamiento ideológico de la narradora se hace presente de forma directa. En una conversación con Roberto —casero de la vivienda en la que vive Agata y simpatizante del gobierno fascista— tiene lugar la siguiente interacción:

—¿Qué ocurre? —dijo Roberto—. ¿La gente joven no piensa? A la edad de ellos dos hacía rato que yo tenía las cosas claras. No pude evitar decir:

—Mi padre era socialista.

Inmediatamente comprendí que hubiera sido mejor haber callado. Había hablado bajo, sin énfasis, mirando el mantel. Pero Roberto debió advertir un principio de desafío en mi voz porque me clavó sus ojos duros y dijo:

—Está bien, tu padre era socialista, ¿pero vos qué pensás? Ya no podía retroceder.

—Pienso que todo el mundo tiene derecho a tener un trabajo —dije. (Dal Masetto, 1997, p. 159-160)

En un período en el cual la polarización política racionaliza el mundo a través de etiquetas rígidamente delimitadas, el pensamiento de Agata es disruptivo. La narradora puede ser identificada con el antifascismo, dada su clara oposición a la brutalidad del régimen, pero esta postura aparece en la narración desde la falta misma de encasillamiento. Como vimos en la cita anterior, Agata no abraza el rótulo "socialista" con su respectiva carga coyuntural (maximizada desde la perspectiva de Roberto), sino que modifica la naturaleza de la pregunta y la redirige al deseo de que todos puedan acceder a un trabajo, a lo indispensable para vivir. Podemos ver en este diálogo, entonces, una forma diferente de abarcar el pensamiento opositor al régimen: la resistencia que se construye al negarse a sostener las clasificaciones que sostienen la "lógica de asedio" y, en su lugar, acercarse a una perspectiva humanitaria de ver el mundo, en un momento de profunda deshumanización.

Alcanzado este punto en la narración, ocurre una pausa en los "eventos macro" del relato. La historia se desplaza hacia un espacio doméstico, marcado por la boda de la protagonista y el nacimiento de sus dos hijos; un locus familiar que, lejos de cualquier ilusión de calma, no deja de estar atravesado por las corrientes tectónicas que desata el fascismo y las crecientes tensiones internacionales que permean a Trani. Como indicamos anteriormente, no hay forma de conseguir una paz absoluta en el escenario de la diégesis: la cotidianidad familiar se ve marcada por un constante temor a acontecimientos disruptivos y violentos, a la posibilidad de que todo lo edificado se destruya junto con quienes lo erigieron. Y esta sospecha constante en la vida de la protagonista se ve confirmada con otro hito del relato, como es la irrupción de los eventos culminantes de la Segunda Guerra Mundial en Trani. La invasión alemana a Italia y la guerra partisana se erigen como un punto de quiebre, a partir del cual la acción armada pasa a desarrollarse en las calles del pueblo y los bombardeos aéreos, el racionamiento de alimentos, las deportaciones, los fusilamientos y torturas clandestinas, entre otros eventos traumáticos, pasan a formar parte de la cotidianidad:

Hasta ese momento la guerra sólo había sido sucesivas noticias de invasiones, amenazas lejanas. Pero un día supimos que también nosotros estábamos implicados. En realidad, nos dimos cuenta de que la situación se estaba poniendo mala a medida que comenzaron a escasear los alimentos. Cuando nació mi hija Elsa ya faltaba de todo. El pan, el azúcar, la carne, la harina, estaban racionados [...] Pagando muy caro se conseguían algunos productos en el mercado negro. Había gente que se enriquecía con ese negocio [...] Llegó el momento en que cierta gente comenzó a comer perros [...] Que los gatos fuesen a parar a la cacerola era común. (Dal Masetto, 1997, p. 188-189)

En esta circunstancia se manifiesta, una vez más, el hondo impacto que los esquemas inculcados a partir de la Gran Guerra tienen en la mente de Agata: a raíz de una exposición prematura y constante a la guerra, la protagonista se muestra incapaz de creer que las acciones bélicas puedan tener un final. La guerra es una constante inviolable, un estado de cosas totalizante, y no puede ser nunca lo prescindible, aquello que puede desaparecer de la vida de los habitantes de Trani, lo que puede tener un final:

[... ] la guerra, por lo menos tal como la habíamos estado viviendo en aquella zona, había entrado a formar parte de nuestras vidas, era un elemento más, un destino aceptado, una costumbre. Y que se habían vuelto también costumbre la frecuentación de la muerte, las privaciones, la sorda pelea por la supervivencia. (Dal Masetto, 1997, p. 216)

Esta situación se expande con el estallido de la guerra partisana, que se ve matizada por un relato que huye a la percepción enaltecedora y reafirma a la guerra civil como un enfrentamiento en el seno de un pueblo profundamente dividido. No solo se relata el impacto de las acciones bélicas en las vidas de los civiles («desde hacía tiempo, habíamos aprendido a convivir con los tiroteos nocturnos entre los fascistas y los partisanos que bajaban de las montañas», Dal Masetto, 1997, p. 214), sino también los efectos que estas acciones tuvieron en la psiquis de sus participantes: «[Un muchacho] Bajó con los partisanos el día de la liberación. Pero su cabeza no había quedado bien, nunca se recuperó [...] Andaba por el pueblo [...] comía de lo que le daban, dormía acá y allá» (Dal Masetto, 1997, p. 241-242)5. La guerra civil, en este sentido, se presenta desde la fragmentación y devastación que trae más allá de las divisiones partidarias y como un desgarramiento para la misma narradora. Por ejemplo, cuando Agata recuerda una humillación sufrida por un joven fascista, no logra imprimir ningún triunfalismo a esta acción:

Quedé turbada por aquel suceso. No lograba encontrar en mí la satisfacción que debería haberme aportado aquella derrota. Y aun más tarde, en los días siguientes, no podía evocar las imágenes de aquel suceso sin malestar, sin sentirme también yo invadida por un sentimiento de vergüenza, como si algo de aquella humillación me hubiese alcanzado y manchado, como si hubiese ahí algo degradante que me involucraba, que me incumbía, que nos incumbía a todos. (Dal Masetto, 1997, p. 211-212)

En este contexto, la mirada antifascista de la narradora surge desde un sitio de profunda sensibilidad, a la vez opositora al régimen y provista de una lógica distintiva que se aparta de las conceptualiza-ciones dicotómicas de "amigos" y "enemigos", una perspectiva que determina tanto sus acciones en la obra como su forma de narrar los acontecimientos históricos de los que es parte. Agata no es portavoz del triunfo, sino una narradora provista de una profunda conciencia humanista, que puede condenar las acciones del fascismo sin prolongar la lógica totalizante que marca la época en la que le toca vivir.

Así, ante la perturbación de la vida cotidiana y la muerte de cualquier posible normalidad, ante la división tajante entre el "nosotros" y el "otro" aniquilable, ante la desintegración de los escasos rasgos de estabilidad del mundo conocido, aparece una oposición impensada. En la voz de Agata, el sitio de refugio de una humanidad que parece haberse perdido se encuentra en lo cotidiano:

A la preocupación, a la impotencia, oponíamos lo único que aparentemente nos quedaba: cierta ciega obstinación por preservar aquel mínimo orden en nuestras vidas. En medio del derrumbe general seguramente intuíamos eran esos gestos, antiguos, reiterados, los que todavía podían hablarnos de solidez y esperanza. (Dal Masetto, 1997, p. 230-232)

La actividad diaria aparece como un espacio que, si bien no está aislado de las corrientes que sacuden al mundo, puede resistir a la brutalidad, a la mentalidad de asedio, a las divisiones estrictas e irreconciliables. Sin una presencia posible de la paz o el consenso, Agata se refugia en lo cotidiano, en los vínculos y acciones que resisten a los convulsionados movimientos de la primera parte del siglo, y en la propia posibilidad de narrar desde este locus en el que las miradas no divisorias han persistido. Es allí donde se encuentra el hilo conductor del relato: en la narración diaria de la supervivencia y de los valores humanos que sobreviven a los momentos traumáticos y en la propia voz como forma de significar, desde la sensibilidad, un mundo dividido en polos estrictos y deshumanizantes. Ante el universalismo aplastante de la guerra total y la cotidianización de la brutalidad fascista, siempre queda este espacio que, pese a toda violencia, resiste desde la calidez y la sencilla óptica de lo cotidiano.

Conclusión

A lo largo de este trabajo hemos analizado la concepción de "guerra total" tal como fue implementada en Europa a partir de la Primera Guerra Mundial, la instrumentalización de la guerra y de la polarización política por parte del fascismo italiano y la forma en que estos elementos aparecen retratados en Oscuramente fuerte es la vida de Antonio Dal Masetto. A partir de lo visto podemos enunciar una conclusión: en esta novela la narración brinda una imagen completa y descarnada de los efectos de la guerra total y del fascismo en la población italiana a principios del siglo XX, y también, de una forma no bélica y anti-polarizante de crear resistencia a estos embates. Ante la brutalidad belicista y las perspectivas dicotómicas que niegan la humanidad del otro, la respuesta antifascista de Agata reside en la denuncia de la brutalidad y de la violencia vividas, así como en su posibilidad de relatar lo sucedido sin acoplarse a las mecánicas totalizantes que impone su contemporaneidad. La narración de la protagonista refuta los conceptos fascistas y lo hace desde un lugar nutricio: la guerra no purifica ni limpia a la nación, solo la arrastra a un sitio de profunda degradación y fractura; las divisiones estrictas de la identidad, en lugar de una forma de defensa ante un "otro" hostil, solo aumentan la fractura social y la falta de humanidad; la respuesta a esto es, como expone Agata, la presencia de una voz relatora sensible que opta por la persistencia de la vida a pesar de todos los acontecimientos, bombardeos y divisiones. Allí, desde esa perspectiva que se fortalece con las agitaciones del siglo, es donde Dal Masetto inscribe su particular representación de uno de los períodos más cruentos de la historia universal.



Notas

2 Sin embargo, es importante no entrar en un terreno radical también en la caracterización historiográfica: como indica este mismo autor, a la vez que se daba una polarización exacerbada a nivel político, también existían «pactos y alianzas entre clases sociales que desdibujan los trazos firmes de la teoría de la polarización» (Alonso, 2012, p. 45) y que permitieron contener el avance rampante de los movimientos fascistas en Europa. Si bien el análisis de estas medidas escapa al interés de nuestro artículo, creemos importante mencionarlo para evitar definiciones dicotómicas o reduccionistas de un momento histórico tan complejo como el período de entreguerras.

3 «Mi padre no se metía en política, aunque tenía sus ideas: afirmaba ser socialista. Todos sus amigos eran socialistas. Eso no le impedía ser católico. Decía que la túnica de Jesús era roja, igual que la bandera socialista» (Dal Masetto, 1997, p. 38). Esta filiación no dicotómica (es la a vez socialista y católico, "lejano a la política" e identificado con una corriente ideológica, aunque estas parezcan tendencias irreconciliables) puede remitir a la evasión de las etiquetas rígidas y radicales que veremos más adelante en la caracterización de Agata.

4 Cabe resaltar que la narración que realiza Agata de la segunda guerra ítalo-etíope (1935-1936) -que terminó con una victoria italiana y la ocupación de Etiopía hasta 1941- no aclara en ningún momento qué bando resultó victorioso. El triunfalismo discursivo del fascismo ante la victoria bélica es descentrado por la narradora, que en su lugar prefiere mencionar la expoliación sufrida por los ciudadanos italianos con la excusa de contribuir al abastecimiento de las tropas («mujeres y hombres ofrendaron sus alianzas de oro y recibieron a cambio otras de un metal sin valor», Dal Masetto, 1997, p. 137).

5 Debe agregarse, también, la mención de las represalias de posguerra por parte de los partisanos; un relato que, lejos de intentar equiparar al antifascismo con los crímenes fascistas, busca matizar la visión totalizante de la guerra civil y visibilizar el modo en que la radicalización política afectó incluso al bando antifascista: "Inmediatamente comenzaron los fusilamientos [... ] vimos a mujeres rapadas —colaboracionistas, amantes de alemanes o fascistas—, obligadas a recorrer las calles en fila india, entre burlas e insultos [...] algunas voces se levantaron para pedir cordura y que se terminara con la matanza. Ya habíamos tenido demasiados años de dolor y de muerte —dijeron—, se estaba fusilando a muchos inocentes y en más de un caso había quien aprovechaba la situación para ajustes de cuentas personales". (Dal Masetto, 1997, p. 245-247)



Referencias

Alonso, G. (2012). Polarización, clases sociales y grandes potencias en el final del mundo oligárquico. Coetánea. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4051647

Campillo Meseguer, A. (2014). A sangre y fuego: De la guerra civil europea (1914-1945). Sociología Histórica: Revista de Investigación Acerca de la Dimensión Histórica de los Fenómenos Sociales, 4, 561-569.

Dal Masetto, A. (1997). Oscuramente fuerte es la vida. Planeta.

Koon, T. H. (1985). Believe, Obey, Fight: Political Socialization of Youth in Fascist Italy, 1922-1943. University of North Carolina Press.

Natoli, C. (2005). El fascismo y el antifascismo en la historiografía y en la esfera pública de la Italia republicana (J. M. Soro, Trad.). Historia del Presente, 6, 153-170.

Real Academia Española. (s. f.). Fascismo. Diccionario de la Lengua Española. https://dle.rae.es/fascismo?m=form

Stecher, C. F. (1938). Education Under Fascism. The Social Studies, 29(14), 173-177. https://doi.org/10.1080/00220973.1935.11016276

Toche, E. (2010). Los niños de la guerra. Quehacer, 180, 78-85.




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